Comunidad
Ranquel Toay
Cochicó
según Yancamil
Versión de Manuel Lorenzo
jarrín
"La Batalla de Cochicó se produjo
el 19 de agosto de 1882, en cercanías de
Puelén. Allí se habían recluido
los restos de las tribus indígenas dueñas
de estas tierras, capitaneadas por Yancamil. Tras
la batalla, la historia oficial terminó
elevando a la categoría de “héroes”
a los soldados, que habían partido desde
Victorica.
Eran treinta soldados armados con fusiles Remington,
y los indios eran por lo menos 300, según
la versión oficial. Pero, diría
años después Yancamil, los lanceros
sólo sumaban 30, munidos de boleadoras
y lanzas, que les hicieron frente a los fusiles
de los militares. Fue el último combate
en la región entre ranqueles y blancos,
con pérdidas en ambos bandos."
(1)

Cacique Santos Morales (izquierda),
Capitanejo Gregorio Yancamill
Foto tomada por M.L.Jarrín en Emilio
Mitre, año 1914. |
Lo
étnico esté ocupando el centro de la teoría social,
porque parece haberse formalizado la conciencia
antropológica sobre sus dimensiones. En la argentina,
es un camino para reconsiderar mitos y atavismos.
En La Pampa, es un llamado para reconsiderar la
historia de nuestro poblamiento mapuche, premapuche
y moderno, y ver cuánto de la argentina que vino
después, estaba allí. En el proyecto de ordenamiento
soberano del estado pergeñado por la generación
del 80, que fue dibujando un país nuevo y clausurando
definitivamente el virreynato.
| Los
Indios que quedaron para contarlo, transitaron
hacia la dudosa y abstracta categoría de
"ciudadanos", del nuevo orden.
En la nueva estructura social de aparencias
monoétnicas que les era ajena y excluyente.
perdieron rápidamente voz y presencia. Y
corporizaron —por así decirlo— el remanente
de un pueblo cuya historia se disuelve asolada
por el arbitrio de un poder lejano que afectó
y distorsionó el imaginario histórico.
Claro que en el entonces Territorio Nacional
de La Pampa Central surgieron voces que
indemnizaron tempranamente con papel y tinta
la causa indígena, movidos sólo por la responsabilidad
social como una obligación moral.
Entre aquellas primeras y valientes denuncias
recordamos las del maestro Romero Chávez,
en Victorica; los eruditos trabajos del
sabio croata Juan Benigar entre los catrieleros
de las costas del Colorado; al autodidacta
Eliseo Tello y al periodista Manuel Lorenzo
Jarrín, entre otros.
Todos estos, inquietos personajes territorianos
que habilitaron, si bien no una historia
secuencial, al menos un "enroque" entre
el revisionismo histórico y el conocimiento
antropológico.
Algunos impensados textos de los nombrados,
dispersos en viejas publicaciones y periódicos
—hoy sólo haliabies en repositorios y archivos—,
dieron voz a los sin voz y deslizan la posibilidad
actual de rever al pasado de otra manera.
Desde la perspectiva de variados fragmentos
de una "voluntad de decir" recogida de boca
de viejos indios contemporáneos o actores
de algunos hechos de la guerra del desierto.
En La Pampa —entre nosotros— paradójicamente
el hecho que con mayor fuerza se recuerda
es el de la batalla de Cochicó. Cuando en
realidad es posible que fuera poco más que
una escaramuza a destiempo, habida cuenta
que el frente de lucha ya se había desplazado
a la patagonia tres años antes.
Ahora bien, resulta curioso y digno de análisis
un corto relato aparecido en el periódico
santarroseño "La Capital" en el año 1939
bajo el titulo "Recuerdos de Antaño"porque
en él se consigna una versión del hecho
de Cochicó totalmente distinta a la sostenida
durante décadas por la historia oficial.
Manuel Lorenzo Jarrin, su autor, se había
compenetrado de la realidad social lugareña
y regional desde sus años de maestro en
Victorica y Col. Emilio Mitre. De férreas
convicciones socialistas, incursionó desde
1921 en el periodismo con su semanario cultural
"La linterna".
Su rica y variada producción literaria fue
reconocida por sus contemporáneos y en parte
aún hoy continúa vigente.
El texto citado —cuya transcripción consignamos
a continuación—, parece auténtico en cuanto
a su veracidad. Pues es altamente improbable
que para ese año de 1882 pudieran vagar
faltos de elementos y ya racialmente vencidos
y diezmados desde tres años antes, un grupo
numérico de 300 indios de lanza consignados
en los partes militares.
Obviamente las palabras de Yancamil resultan
modificadas por la pluma de Lorenzo Jarrín
para facilitar su comprensión, que ha de
haber tomado notas más o menos extensas
y luego desarrollado sin alterar el hilo
y tono del relato que introduce novedades
absolutas.
La informacíon de aquella "entrevista
oral" —método muy usado hoy en la ciencia
histórica es ciertamente un cachetazo a
mitos consagrados y sacramentados; tibia
de contenidos reminiscentes; ágil, espumosa
y con un cierto regustillo a poco que debería
ser nervio motriz de una profunda investigación
en esta línea.
"El 9 de febrero de 1914 , cuando acompañado
por el cacique ranquelino Santos Morales,
llegó a mi casa (Escuela Nº 58 de Col. Emilio
Mitre) el Sr. Gregorio Yancamil, viejo indígena
que en aquel entonces tenía 77 años; y que
era padre de 8 hijos.
De apostura corpulenta y fuerte. Bien formado,
y de tez cobriza. Su fisonomía impone respeto
con su espesa y larga blanca barba como
la nieve, sus ojos grandes y sus cabellos
brillantes de plata, lo que unido a su manera
de hablar lenta y afable, le dan todo el
aspecto de un anciano venerable que es acreedor
al respeto y consideración. Viste con sencillez
y decencia. Al hablar del pasado dice: "Cuántos
errores, Señor, hace cometer la ignorancia".
Le rogué me narrase el hecho de Cochicó
y para animarlo, le leí un artículo aparecido
en un periódico; cuando lo hube terminado,
Yancamil sonreía y me dijo:
"Cómo se miente, Sr., cuánto se miente..!
Luego -- prosiguió diciendo: "Voy a referirle,
asegurándole que esto es la verdad e lo
ocurrido en ese encuentro en que el indio
reducido y el indio libre hemos luchado
con desesperación, unos porque ya eran soldados,
y nosotros porque éramos indios. Todos defendiendo
la vida y eso que la civilización llama
honor y nosotros llamábamos inché nen mapu
(derecho a la tierra). Aquel día el cielo
encapotado amenazaba descargar un fuerte
aguacero y sí fuera ahora que nuestros cuerpos
con la civilización se han hecho más delicados,
tendríamos frío; pero en aquellas épocas
acostumbrados a todos los rigores del tiempo,
no hacia impresión en nosotros.
Hacia varios días que yo y Paineo y ocho
compañeros más habíamos venido del lado
del poniente, disparando a las tropas que
había en Mendoza. Al entrar a La Pampa,
se nos unieron 7 soldados de-se flores,
componiendose ese día un grupo de 17 hombres
armados de lanza, boleadora y cuchillos;
mal montados a causa de lo largo de la travesía
que casi reventó nuestros caballos. A poca
distancia de Cochícó le dimos vista a un
grupo de soldados, que creo que eran más
de veinte hombres. Casi todos indígenas
reducidos al setvicio del ejército. La sorpresa
del encuentro nos obligó al ataque, así
como a los soldados los obligó a la defensa.
Los soldados iban cediendo el campo recostándose
hacia el cerro Cochicó; estaban armados
de carabinas, cuchillo y boleadoras: Los
mandaban los Tenientes indígenas Mora y
Simón. Al llegar al cerro la amenaza de
lluvia se cumplió y llovía mucho. Serían
las dos de la tarde...Paineo precipitó la
lucha a destiempo e hizo en los primeros
momentos indecisa la victoria. Tres horas
largas duró el combate. El cansancio de
aquella lucha cuerpo a cuerpo empezaba a
notarse. Había cuatro o cinco muertos de
cada parte, los insultos se cruzaban, heridas
teníamos todos. A la voz de Paineo 'metü
metó Kmú yú" (terminemos de una vez) redoblamos
la fuerza del ataque; fueron momentos terribles...
Luego la noche se echó encima y eso favoreció
el desenlace. Creo que 16 soldados aprovecharon
la oscuridad y contando con que no podíamos
perseguirlos por los pocos que quedábamos
y no tener caballos de refresco para eso,
se retiraron hacia el naciente quedando
nosotros dueños del campo... La patrulla
en retirada se encontró nuevamente con el
grueso de fuerzas que mandaba Santerbó en
Puente de tierra...(2)
(1)
- Diario "La Arena" Domingo 21
de agosto de 2005 - Secc.Interior - Pag
25.
(2)
Autor:José Carlos Depetris * Escritor y
genealogista Diario "La Arena " -Suplemento
Caldenia - Domingo 03/06/02 |
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