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Vascos
en La Pampa
Los Primeros Ormaechea
Sin
huerto, sombra y ropa bien lavada
La
vida de aquellos primeros vascos que poblaron
la llanura siguió su curso inexorable. Y a
los hijos que trajeron de España se hacían
hombres y... decían que esta patria era tan
grande... Por qué no remontar los rastros
de las carretas que llegaban al puerto, cargadas
con lana que los ingleses convertirían en
los mejores casimires del mundo?... o los
cueros con que los franceses hacían el calzado
más fino...? Algunos que vivían en la provincia
de Buenos Aires, miraron hacia el oeste, juntaron
otra vez sus ilusiones y 'vinieron con su
pequeño capital a instalarse en La Pampa.
El viaje terminó para una familia en Campo
Dumas, lugar situado en las proximidades de
lo que es hoy el pueblo de Uriburu. Pero no
conformé el lugar a las de Ormaechea de Olariaga:
el agua era terriblemente mala. No habría
huerto, ni sombra, ni ropa bien lavada...
Recuerdo que mi padre (El argentino) solía
contarme recordándolo: era tan tea el agua
que ni los perros la tomaban... Y para exterminar
a los zorros que diezmaban los corderos recién
nacidos en las majadas, se valían colocando
a su alcance recipientes con agua de lluvia
contaminada con estricnina; liquido que los
zorros sedientos bebían y morían envenenados.
Pienso hoy que esos parientes fueron de los
primeros cristianos en poblar el lugar porque-
coincidiendo con una crónica de Caldenia,
que narra cómo dejaban los indígenas sus muertos
envueltos en cuero de potro, para preservarlos
del ataque de aves de rapiña, trabándolos
en las horquetas de los chañares, caldenes
o algarrobos- en esa forma los encontraron
ellos. Fue así que entre los primeros trabajos
encomendados por mi abuela a mis tíos, estuvo
el de enterrar aquellos cuerpos, disecados
bajo los mismos árboles en que yacían colgados.
EnTierra Virgen
Pero la resolución estaba tomada (1895) juntaron
de nuevo todos sus bártulos y siguiendo el
derrotero de la Cruz del Sur se afincaron,
y esta vez para siempre. en los inmensos pajonales
que bordeaban el campo de Ataliva Roca.
No habla tampoco ningún vestigio de que hubieran
sido hollados por el hombre. Todo estaba allí
como Dios lo hizo el séptimo día.
Ni una huella ni un árbol, nada que denotara
el paso del ser humano por aquellas soledades
sólo salpicadas por isletas, médanos o lagunas.
Ya no había malones, pero estaban todavía
frescas las rastrilladas de los indios que
asolaron desde Chile y que más tarde se convertirían
en caminos de las carretas, que serían el
único medio de comunicación y abastecimiento
de víveres entre aquellos poquísimos valientes
que dejan allí su vida y la de sus hijos en
aquellas imponentes llanuras.
Como dije anteriormente ya no habla malones,
en cambio había algún peligro todavía: gauchos
alzados o desertores, que deambulaban por
las noches por la planicie, para esconderse
durante el día entre los fachinales.
Gauchos Ladrones
Un día de esos, al llegar de pastorear sus
majadas, aquellos vascos se encontraron dos
forasteros muy cumplidos, que después del
saludo correspondiente, solicitaron permiso
para pasar la noche al reparo de los cercos.
Como puedo decir que los de Ormaechea de Olariaga
ya eran criollos se lo brindaron generosamente
y mientras terminaban sus tareas se trenzaron
con ellos en una cordial mateada. Pero después
de aquellos mates, comenzó a dominarlos un
sopor tan grande que no pudiendo resistir
el sueño, optaron los hermanos por acostarse
más temprano. Despertaron al día siguiente
sobresaltados al ver que ya el sol se alejaba
del horizonte. Reavivados en parte por un
chapuzón de agua fría fueron a comenzar sus
tareas matutinas, y grande fue su sorpresa
al comprobar con estupor que tanto habían
desaparecido los huéspedes como toda su caballada...
Comprendiendo entonces que los forasteros
los habían dopado con aquellos mates preparados
exprofeso. Pero ya nada podía hacerse, que
ni una seña ni un rastro que los delatara
dejaron por ningún lado: se los habla tragado
la tierra. Los forasteros no se hicieron ver
nunca más y los caballos tampoco volvieron
a la querencia...
Así pasaron años de sacrificios heroicos,
pero con la alegría sana del bienestar conseguido
con altruismo y honradez. Más... ¿se sentiría
celosa España de que lo que fuera su colonia
le hubiera traído sus hijos fuertes y valerosos?...
Los días tristes
Lo cierto es que de la misma península ibérica
llegada a la Argentina una epidemia que el
diccionario castellano denomina Trancazo (algo
semejante al sarampión) y en una semana tronchó
la vida de tres de los hijos traídos de España
de aquel matrimonio que ya empezaba a declinar
la vida. No tengo palabras para narrar la
horrenda angustia de esos padres pero si,
pienso que a fuerza de tanto dolor, se hizo
florecer la hoy provincia de La Pampa.
Solos con su hijo argentino, porque a la mayor
de la familia nacida en Lizartza se la había
llevado el amor, y aunque salvé su vida formaba
ya otro hogar. ¡Qué desesperación embargaría...
el alma de mis abuelos!
Sin embargo y aún transidos de dolor o dando
tumbos hemos de vivirla y esta será la parte
más heroica de nuestra existencia... De los
hijos fallecidos dos eran ya hombres y la
tercera casi una niña: dieciocho años humildes
laboriosos.., promesa truncada antes de comenzar
la vida...
Pero allí se mostró la raza criolla y se sobrepuso
al dolor; allí estaba el hijo criollo para
servir a sus padres y a su patria... Si el
recuerdo no enreda mi memoria digo que formo
parte en la primera clase pampeana que juré
la bandera celeste y blanca en los cuarteles
de Currumalal.
Cumplidos sus deberes con la patria volvió
en ayuda de sus padres. Por entonces se fundó
Santa Rosa de Toay; hubo comercio, llegó el
ferrocarril y con todo ello fue posible tener
alambres, chapas, varillas y el desierto comenzó
a cambiar y a poblarse más y más. En su nuevo
predio al que llamaron: El Porvenir, continué
el matrimonio de Ormaechea de Olariaga hasta
el final de sus días, pasando sus bienes a
sus dos herederos cuyos descendientes siguen
conservando la tierra que hicieron fértil
estos vascos guipuzcoanos. |
Por:
ZuIema Ormaechea *Docente jubilada, colaboradora
de Caldenia en Toay- La Arena Dic. 2001
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