CUADROS
DE UNA EXPOSICIÓN
Por: Rodrigo Fernández

La
Cuna
Por
arte de una de esas cabriolas del destino, en un
punto de la pampa argentina un día se cruzaron los
caminos de una criolla, un español y una francesa.
El resultado del encuentro multinacional soy yo.
A falta de Internet, el suceso tuvo una vocera para
nada virtual quien al término de su tarea, dejóun
escueto meil en lo de la Sra. Rocha "En lo
Manuel ha nacido un nono muy bonito". Bueno
es aclarar que para Doña Eugenia Besoin, todos los
bebés que su amor Made in France recibía en este
mundo eran invariablemente nenas y nonos muy bonitos.
Gracias a esta feliz circunstancia, habemos unos
cuantos nenas y nenos, no se si tan bonitos, conuna
suerte de hermandad afectiva por ser un poco hijos
de Doña Eugenia, desde el momento en que su invariable
amor nos recibiera en este mundo.
Por aquellos años el pueblo era una especie de tarjeta
postal de la quietud, una grafía naif de la existencia.
Las calles gozaban de un abundante superávit de
arena, fina y limpia, acarreada prolijamente por
los vientos desde los cuatro puntos cardinales.
En los canteros centrales de las avenidas se habían
plantado eucaliptus que fueron creciendo al amparo
del riego municipal y las defensas de alambrados
perimetrales. Con el tiempo formaron cortinas verdes
que serían la característica del poblado y el orgullo
de los vecinos como una muestra del trabajo del
hombre avanzando sobre el desierto pampa. Hasta
el mismísimo gobernador del Territorio Nacional
de La Pampa, algún domingo por la tarde se llegaba
hasta Toay para ver las hileras de cuidados arboles.
Años después, me hancontado, vino un intendente
progresista, ecologista el hombre, hacha y motosierra
en mano y........ siempre habrá alguna parte de
la historia de la cual mejor hubiera sido no enterarse.
Por entonces TOAY era un ámbito ideal para ejercer
la infancia. Un territorio sin límites de espacio,
comida casera condimentada con mucho amor, leche
pura, al pie de la vaca si era necesariapara la
tos convulsa (?), abrigo para el frío y un sombrero
de paño contra los soles impiadosos.
Lo cierto es que aquellos días, en las antípodas
de Internet por cierto, semejan a la distancia uno
de esos cuadros en los que una ronda de querubines
rosados, gorditos y llenos de moños, bailan envueltos
en una nube de inocencia insoportable.
Así transcurrieron los tiempos del crecimiento hasta
que un día de marzo, sin pasar por el filtro de
la salita verde, aún no inventada, llegamos a la
inquietante y un tanto misteriosa escuela primaria. |