A
la Memoria de un querido poblador de Toay
Un
recuerdo y un adiós para "Pocholo".
La
vida tiene cosas que los humanos jamás
podremos entender. Escapan a nuestra comprensión.
Si hasta ayer nomás... ,
-como reza el dicho popular-, paseaba su atildada
y cuidada figura por las calles de nuestro
pueblo.
Lucía saludable -Pero.., si
regalaba salud...!!!", pleno y optimista
como siempre. |
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De
golpe, en pocos días, sin tiempo para darse
cuenta, esas calles y esas veredas que monótonamente
-casi como si fuera un itinerario predeterminado-,
percibieron su injustificada ausencia. El salón
de su comercio apareció cerrado sin aviso.
Sus íntimos se quedaron fríos y sin
reacción, a falta del lugar obligado de las
citas para las amenas y pintorescas tertulias vespertinas.
La
noticia de la terrible y fulminante enfermedad que,
artera e impiadosa se ocultaba en su organismo,
sacudió a un amplio círculo de la
comnidad toayense.
Llegado a nuestro pueblo siendo un infante, cargaba
sobre sus mochilas un bagaje de anécdotas
preciosas, las que relataba con fluidez, candor
y afecto, con trazos precisos de dibujante experto
y brochazos coloridos de pintor consumado, en retratos
y escenas habladas que exudaban la transparencia
y el respeto por los personajes pueblerinos, objeto
de su relato fresco y desprovisto de intenciones
denigratorias.
Vestía con esa clásica elegancia de
la época en que se formó. Cuidaba
con esmero el corte de su cabello y su peinado,
afeitándose a diario, prolijando su bigote
en un ritual que no sabía de concesiones
ni postergaciones, fruto tal vez de su profesión,
pero más que nada de su formación
y personalidad.
Celebraba dos veces su cumpleaños: en abril,
fecha cierta de su nacimiento, y en octubre, fecha
en que fue librada la Partida, cuando finalmente
su padre pudo viajar en esos tiempos a General Acha
y presentarse en el Registro Civil, tal como él
mismo gustaba contar.
Integrado -por su ascendencia- a la Asociación
Italiana, la presidía en la actualidad. Al
igual que a su padre -el inefable ¡bien recordado
don Juan, que también falleciera ocupando
ese cargo.
Fue presidente -además-, de la Comisión
del Centenario de Toay. Y en idéntica condición,
conmemoró -en junio de 2001-, los 100 años
de la Italiana. Desde hace 10 años era Revisor
de Cuentas de la Asociación Amigos del Regimiento
13 de Caballería.
Gentil; educado, cordial en el trato, ordenado en
su vida privada y laboral, pulcro y respetuoso,
cultivó amistades por décadas y en
todos los ámbitos donde transité su
variado quehacer. Al enviudar, su soledad se vio
poblada por el cariño de su bija y sus nietos
-por cuyos ojos veía-; y por la compañía
de sus demás familiares e incontables amigos.
Vinculado a un vasto espectro de actividades (Asociación
Italiana, club Sportivo, U.C.R.. Cooperadora de
la Escuela Nº 5, comisiones de festejos patrios,
C.P.E., Biblioteca, etc.) atesoró vínculos
que traspasaron todas las barreras, convirtiéndose
en ejemplo de convivencia, de buen vecino y mejor
persona.
Seguramente estará ahora reunido con quienes
se fueron antes que él: Juan y Víctor
Peyrén, el doctor Muñoz, Aníbal
Giudice, don Pedro Tallade, José Maraschio,
su cuñado Lito Darrupe, Juan Antoci y tantos
otros. Aquí añorarán su presencia
Pepe Antoci (su amigo inseparable de toda la vida),
Ismael Vigne, el negro Agüera, Rafa y Pepe
González, Mario Pérez, el gringo Girotti,
Ernesto Maidana, Pedrito Tamborini, Héctor
Bidegain, y tantos más. Pero siempre habrá
arrimada una silla a la mesa que compartió
con galanura y placer, y un plato de cubiertos y
una copa de Gancia o Vermoüth puestos sobre
el mantel, en memoria y a la espera del amigo presente
en alma y espíritu, que bajará a animar
la reunión con una anécdota nueva,
jugosa y gratificante.
Toay y sus instituciones estén de luto. Se
nos ha ido un verdadero "archivo viviente"
de ese pueblo que algunos -todavía-, alcanzamos
a mamar.
Este último domingo acariciaba la cabeza
rapada de un pequeño, y en la palma de la
mano sentí la misma sensación de cuando
era pibe, después que él me cortara
el pelo. Al día siguiente "iChaaa...
digo!!", moría José Osvaldo Guido.
Con esa sensación me quedo.
Para él, para "Pocholo", este recuerdo
y este adiós.
| Raúl
E. García Córdoba - Martes
05 de febrero de 2002 |
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