CUANDO
EL SUDOR SE HACE LAGRIMA
(A
la memoria de Ramoncito Gómez)

Ramón Gómez
corriendo con los colores de Guardia
del Monte |
La
vida es un camino incierto que hay que
andar, sin saber cuando termina, ni cuan
largo será para cada uno. Se sabe
cuando empieza. Y es todo cuanto se tiene
que saber. Sobre como transitar el sendero,
es cosa que se aprende a cada metro andado.
El cuando termina, no es el problema ni
es la pregunta. En como es recorrido es
la cuestión. Y para que una vida
trascienda, solo hace falta eso: haberla
vivido de manera determinada.
No
importa el arranque. No importa desde
qué nivel se empieza. No importa
con qué medios se cuenta en el
inicio. No importa siquiera partir con
herramientas materiales que allanen las
dificultades del sendero. Importa traer
algo dentro. Importa responder a esa cosa
íntima que impulsa, aferrarse a
sentimientos e ideales para vivir de la
manera querida, sabiendo que así
–al final de esa ruta propia-, dejamos
algo; dejamos una enseñanza, dejamos
–siquiera-, un mínimo ejemplo
superador que nos diferencia cada vez
mas de las bestias y nos hace cada vez
mas humanos.
Toda
comunidad –grande o pequeña-,
en toda época y en cuanta actividad
en ella se despliegue, produce casos aleccionadores
y gratificantes dignos de mención,
para que la oquedad de la memoria frágil
de los pueblos, no la degluta en la vorágine
de los logros fáciles y las estridencias
de las falsas conquistas y los estruendos
de mediáticos oportunistas.
Hacerse
de un nombre con ropaje propio es la cuestión.
Y muchos deben hilar desde su escaso atuendo
para lograr una prenda propia y distintiva.
Nació
en un hogar sumamente humilde. Diría
mas bien paupérrimo. Pudo terminar
siendo cualquier cosa. Sin embargo........,
sin embargo y a pesar de todas las dificultades
imaginables e inimaginables tuvo conducta,
tuvo responsabilidad y supo elevarse sin
degradarse. Fue alguien.
Tal
vez en esa semipenumbra de sombras balanceantes
que la tenue luz juguetona de una vela
pretendía alumbrar el comprimido
espacio de la vivienda, con ojos bien
abiertos soñaba con un destino
mejor, con ser alguien, con hacer algo
que sirviera de ejemplo.
De
poco hablar, fue creciendo ganándose
el pan de cada día con esfuerzo,
dedicación y cumplimiento. Haciendo
deportes, trabajando y hablando poco;
formó un hogar, vinieron los hijos,
pero se dio tiempo para hacer “eso”
que resultó su vocación:
correr. Es que en el atletismo encontró
el espacio justo, el lugar exacto donde
desarrollar sus sueños y expandir
su espíritu y su personalidad.
Esta actividad requería de sacrificios:
suspender distracciones y diversiones
para entrenar a diario. Pero estaba acostumbrado
al sacrificio. Solo se permitía
pocos momentos de esparcimiento: ir el
domingo a la cancha para ver a su querido
Guardia del Monte. Porque -¿sabés?-,
también jugó al fútbol
y también hizo bochas para el aurirojo....!
Decenas
de competencias –ganador o no-,
vieron a Ramoncito cruzar la meta de llegada,
sudoroso y feliz de completar la prueba.
Pero un día......un triste domingo
de octubre, lejos de su Toay y de su gente,
un fuerte dolor en el pecho frenaron sus
piernas. No pudo seguir avanzando. El
sudor se hizo frío y a pesar del
pronto auxilio, su corazón -el
mismo fuerte y grande corazón que
catapultaba y sostenía su pasión
y alegría por trotar-, detuvo su
marcha. El “ banderazo” final,
esta vez, no fue el que esperaba ver.
Era
un “pibe” querido por todos.
Se ganó no solo el afecto de los
toayenses, sino también de todos
quienes compartían ese sano gusto
por practicar el atletismo. Por eso sus
compañeros, sus amigos de tantas
carreras, encabezaron los últimos
metros el cortejo que acompañó
sus restos hasta su última morada.
Todo un símbolo y todo un homenaje
para el querido Ramón.
Nadie
muere mientras el recuerdo sigue vivo.
Y este recuerdo será perdurable
porque fue un ejemplo, como persona y
como deportista, por su humildad , por
esa humildad tan natural en él
que ni en los días de triunfo tuvo
estridencias. Solo esa leve sonrisa que
adornaba su rostro, esa sonrisa tenue,
casi impercetible, de chico bueno, agradecido
de la vida....., de una vida mezquina
para con él, donde cada cosa, cada
logro, había costado mucho. Pero
él era así: agradecido a
la vida. Un rico...., un rico ¡con
tan poco......!
En
la dimensión en que ahora se encuentra,
seguramente sigue corriendo. Partió
rumbo a una estrella. Y cuando a esa llegue,
seguirá en pos de otra. Porque
ese fue su destino: soñar con alcanzar
las estrellas. Porque ....., no ha dejado
de correr......;solo tomó la posta
de otra carrera....!!!
Como
dice el tango: “perdoná si
al evocarte se me escapa un lagrimón.......”.
Es que ..... es la transpiración.....¿sabés?......
¡¡¡¡Vos sabés........!.
¡¡¡Qué querés
que te diga, hermano.......!. Si los dos
transpiramos la misma camiseta.....!!!!!!!
Raúl
E. García Córdoba

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