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 Toay- Septiembre -2006

AVES – “EL ÑANDÚ”    Por Rodrigo Aldama 

 

Orden: Struthioniformes
Familia: Rheidae

El “ñandú” (“araña” es su significado en guaraní) o conocido también como “avestruz americano” (Rhea americana) comparte el mismo orden con otras especies de aves no voladoras como son los avestruces, casuarios, emúes y kivis.
A esta especie americana la podemos encontrar desde los llanos del Brasil hasta la Patagonia, prefiere los lugares abiertos y despejados como así también bosques poco densos los cuales le otorgan su alimento esencial para vivir y procrearse. Su dieta está constituida por hojas, retoños, frutas, granos, invertebrados e incluso pequeños anfibios y reptiles.
El macho no difiere demasiado de la hembra a no ser por poseer un plumaje más negro sobre todo en su cuello y pecho. Llegan a medir desde 1,2 a 1,4 metros y su peso adulto llega a ser de unos 25 a 35 kilogramos. En época de celo, el macho emite un “mugido” para más tarde poder establecer un harén de cuatro a cinco hembras (el número puede variar; recordemos que en la naturaleza no todo es exacto) que ponen sus huevos en el nido que él mismo se ha encargado de construir escarbando ligeramente en el suelo, ya sea en un lugar arenoso de hierba alta, bajo un árbol o entre arbustos. Durante la postura (en Agosto en nuestra provincia, pero depende del sitio donde se establezca la población) que dura de diez a quince días aproximadamente, el macho no se aleja del nido, con el fin de supervisar el bienestar de la nidada. Una vez que se encuentra satisfecho comienza a incubar los huevos sin la ayuda de las hembras, quienes luego de la postura ya no toman parte en todo el proceso de cría; pero pueden continuar poniendo huevos en nidos de otros machos. El número de huevos por nidada es realmente variable, hasta unos cuarenta huevos es lo normal, pero existen casos en los que se han encontrado nidadas de hasta ochenta. Luego de una incubación de 35 a 50 días los huevos comienzan a romper todos juntos y los pichones o “charitos” recién nacidos de un color amarillo oscuro con rayas negras a lo largo del cuerpo continúan siendo recubiertos por su padre durante sus primeros días de vida.
Es común observar que en la nidada el macho suele dejar uno o dos huevos sin incubar. Existen varias teorías al respecto, una de éstas es que lo hace para romperlos luego de que todos los pichones han nacido; para atraer moscas que se transformaran en su primer alimento. Algunos estudiosos no creen en esto, ya que dicen que la putrefacción de estos huevos atraería también a posibles depredadores como ser zorros, gatos, comadrejas, etc.
Una vez que los “charitos” pueden desplazarse por sí solos el padre abandona el nido y emprende la marcha con su progenie a cuestas. Como lo fue durante la incubación de los huevos, el padre continúa siendo muy agresivo con todo animal que se acerque a sus pichones. Es posible encontrar a dos machos que comienzan a andar juntos con los pichones de ambos, incluso son capaces de aceptar polluelos perdidos aunque difieran muchos en tamaño con los suyos. Los pichones permanecen con su padre hasta que tienen de cuatro a seis meses, luego éste los abandona pero ellos siguen permaneciendo juntos un tiempo. Los “charos” alcanzan su madurez de los dos a los tres años, cuando son capaces de pelear con otros machos por alguna hembra.
La longevidad que puede alcanzar un adulto en la vida salvaje es de unos 30 años aproximadamente.
Antiguamente el ñandú fue cazado por los aborígenes que apreciaban mucho su carne. Tiempo más tarde, también fueron muy perseguidos por el criollo que obtenía buena paga por el plumaje que se utilizaba para crear plumeros y otras artesanías. El cercado del los campos fue algo que también comenzó a perjudicarlos ya que era más fácil rodearlos y cazarlos con las voleadoras, pero se adaptaron a esto y hoy son realmente ágiles para pasar entre los “hilos” del alambrado.
Hoy día aunque la especie no está seriamente en peligro es una especie protegida en nuestro país, y en muchos lugares se está comenzando a explotar su cría para el faenado de su carne.
Al pie de los Andes en Chile y Argentina y también al sur de la Patagonia se encuentra otra especie de “ñandú”, el llamado comúnmente “choique” o “ñandú petizo” (Pterocnemia pennata). Éste no difiere en demasía con el “ñandu” más allá de su estatura. También en las planicies de la Puna de Chile existe otra subespecie del petizo, al que llaman “ñandú de la puna” (Pterocnemia galepp). Su aspecto es muy similar al del “choique” sobre todo en estatura, aunque el puneño tiene plumas blancas que lo hacen parecer como si estuviese nevado en su lomo. Algunos estudiosos aseguran que las diferencias entre ambos son muy marcadas, por lo que lo consideran como otra especie.























Ñandú










Ñandú de la Puna








 

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