Orden: Struthioniformes
Familia: Rheidae
El “ñandú”
(“araña” es su significado en guaraní)
o conocido también como “avestruz americano”
(Rhea americana) comparte el mismo orden con otras
especies de aves no voladoras como son los avestruces,
casuarios, emúes y kivis.
A esta especie americana la podemos encontrar desde
los llanos del Brasil hasta la Patagonia, prefiere
los lugares abiertos y despejados como así
también bosques poco densos los cuales le otorgan
su alimento esencial para vivir y procrearse. Su dieta
está constituida por hojas, retoños,
frutas, granos, invertebrados e incluso pequeños
anfibios y reptiles.
El macho no difiere demasiado de la hembra a no ser
por poseer un plumaje más negro sobre todo
en su cuello y pecho. Llegan a medir desde 1,2 a 1,4
metros y su peso adulto llega a ser de unos 25 a 35
kilogramos. En época de celo, el macho emite
un “mugido” para más tarde poder
establecer un harén de cuatro a cinco hembras
(el número puede variar; recordemos que en
la naturaleza no todo es exacto) que ponen sus huevos
en el nido que él mismo se ha encargado de
construir escarbando ligeramente en el suelo, ya sea
en un lugar arenoso de hierba alta, bajo un árbol
o entre arbustos. Durante la postura (en Agosto en
nuestra provincia, pero depende del sitio donde se
establezca la población) que dura de diez a
quince días aproximadamente, el macho no se
aleja del nido, con el fin de supervisar el bienestar
de la nidada. Una vez que se encuentra satisfecho
comienza a incubar los huevos sin la ayuda de las
hembras, quienes luego de la postura ya no toman parte
en todo el proceso de cría; pero pueden continuar
poniendo huevos en nidos de otros machos. El número
de huevos por nidada es realmente variable, hasta
unos cuarenta huevos es lo normal, pero existen casos
en los que se han encontrado nidadas de hasta ochenta.
Luego de una incubación de 35 a 50 días
los huevos comienzan a romper todos juntos y los pichones
o “charitos” recién nacidos de
un color amarillo oscuro con rayas negras a lo largo
del cuerpo continúan siendo recubiertos por
su padre durante sus primeros días de vida.
Es común observar que en la nidada el macho
suele dejar uno o dos huevos sin incubar. Existen
varias teorías al respecto, una de éstas
es que lo hace para romperlos luego de que todos los
pichones han nacido; para atraer moscas que se transformaran
en su primer alimento. Algunos estudiosos no creen
en esto, ya que dicen que la putrefacción de
estos huevos atraería también a posibles
depredadores como ser zorros, gatos, comadrejas, etc.
Una vez que los “charitos” pueden desplazarse
por sí solos el padre abandona el nido y emprende
la marcha con su progenie a cuestas. Como lo fue durante
la incubación de los huevos, el padre continúa
siendo muy agresivo con todo animal que se acerque
a sus pichones. Es posible encontrar a dos machos
que comienzan a andar juntos con los pichones de ambos,
incluso son capaces de aceptar polluelos perdidos
aunque difieran muchos en tamaño con los suyos.
Los pichones permanecen con su padre hasta que tienen
de cuatro a seis meses, luego éste los abandona
pero ellos siguen permaneciendo juntos un tiempo.
Los “charos” alcanzan su madurez de los
dos a los tres años, cuando son capaces de
pelear con otros machos por alguna hembra.
La longevidad que puede alcanzar un adulto en la vida
salvaje es de unos 30 años aproximadamente.
Antiguamente el ñandú fue cazado por
los aborígenes que apreciaban mucho su carne.
Tiempo más tarde, también fueron muy
perseguidos por el criollo que obtenía buena
paga por el plumaje que se utilizaba para crear plumeros
y otras artesanías. El cercado del los campos
fue algo que también comenzó a perjudicarlos
ya que era más fácil rodearlos y cazarlos
con las voleadoras, pero se adaptaron a esto y hoy
son realmente ágiles para pasar entre los “hilos”
del alambrado.
Hoy día aunque la especie no está seriamente
en peligro es una especie protegida en nuestro país,
y en muchos lugares se está comenzando a explotar
su cría para el faenado de su carne.
Al pie de los Andes en Chile y Argentina y también
al sur de la Patagonia se encuentra otra especie de
“ñandú”, el llamado comúnmente
“choique” o “ñandú
petizo” (Pterocnemia pennata). Éste no
difiere en demasía con el “ñandu”
más allá de su estatura. También
en las planicies de la Puna de Chile existe otra subespecie
del petizo, al que llaman “ñandú
de la puna” (Pterocnemia galepp). Su aspecto
es muy similar al del “choique” sobre
todo en estatura, aunque el puneño tiene plumas
blancas que lo hacen parecer como si estuviese nevado
en su lomo. Algunos estudiosos aseguran que las diferencias
entre ambos son muy marcadas, por lo que lo consideran
como otra especie.