...Yo vivía con mis abuelos
en un campo cercano a la Colonia. Recuerdo que 1932
fue el año de la ceniza, en 1934 las cosas
no andaban bien, teníamos que dejar el campo.
Los abuelos se enteraron que en la Colonia Ramón
Quintas daban lotes para los chacareros y allá
nos fuimos con los carros, algunos chanchos cargados,
los perros… lo primero que hicimos fue la casita;
yo tenía ocho años. Después llegaron
más colonos y eso se fue poblando.
¿Cómo funcionaba la
Colonia?
Ramón Quintas era el dueño
y cada tanto venía de Buenos Aires. Había
un administrador, que en ese tiempo era Arteaga. También
había un contralor que cuando llegaba la cosecha
salía en su caballo a controlar lo que se cosechaba.
De lo que se producía, había que darle
un tanto por ciento a la administración. Me
acuerdo que los abuelos y los tíos, como todo
chacarero, agarraban unas bolsas y las tapaban con
paja, entonces el contralor contaba las bolsas que
habían "sacado" y de eso había
que darle un porcentaje.
Cuando Ramón Quintas venía de Buenos
Aires, paraba en la estancia. Entonces un vasco viejo
cargaba a don Quintas y lo llevaba a dar toda la vuelta,
¡eran dieciocho leguas, dieciocho molinos!,
pero… iban por donde había menos trigo,
por donde estaba más "flaquito",
¿para qué?... para que no supiera lo
que se cosechaba. Pero… había años
que no había trabajo, hasta que llegó
ese año terrible…1937, ¡mucha miseria!
Después de ese año vino un poco mejor
la cosa; en el 40 yo me vine a Santa Rosa y en el
41 volví a la Colonia a trabajar de mensual,
tenía quince años. Por esa época
se fueron muchos chacareros y mis tíos volvieron
a hacer la casita cerca del casco de la estancia.
Así estuve hasta el 46 que me tocó el
servicio militar, porque en el 44 yo me había
enrolado en Toay. Me acuerdo que vine a caballo desde
la Colonia y lo dejé en la fonda de Quiroga
para ir hasta Santa Rosa a sacarme la foto. De vuelta
en Toay, Jorge Brown me enroló a la mañana;
después me fui a la fonda, almorcé,
dormí una "siestita" y a la noche
ensillé el "mano blanca" y salí
de vuelta para la Colonia… ¡veinte leguas
eran! llegué a la madrugada.
¿Se acuerda de 1937?
¡Sí, cómo no me
voy a acordar!, parece mentira pero es la pura verdad:
nosotros cruzábamos los alambrados de siete
hilos a caballo… ¡estaban tapados de arena!
Todo el día viento, a la mañana de un
lado, a la tarde del otro, no llovía; fueron
varios meses así… ¡mucha miseria!,
no había para comer, no había agua,
las vacas no daban leche. Yo tenía once años
en el 37, y tenía que llevar los caballos a
tomar agua y a comer a los rastrojos… ¡me
acuerdo que el sol es-taba terrible! Un día
los tíos se fueron a Carro Quemado y yo me
quedé con mi tía Paulina… ¡había
mucho viento y arena! ..., por allá apareció
un borrego flaco y dice mi tía:
- Vamos a esperar la noche para carnearlo.
Y yo pensaba: ¡qué vamos a esperar la
noche! si estábamos solos ahí..., ¡no
venía nadie!
¿Cómo era la vida en
la Colonia?
Cada familia tenía su "campito".
¡Eran todos alemanes! Había muy pocos
"morochos". Cuando nosotros fuimos a la
Colonia estaban los Seibal, los Haberkon, los Neiman;
más tarde vinieron los otros Haberkorn, Martín
Báiz y los Hertz. Había muy poquitos
"morochos". Todos hablábamos ale-mán;
los mayores se "defendían" hablando
en "castilla", pero nosotros los chicos
no sabíamos ni una palabra. Cuando venían
los "morochos" mi hermana y yo nos escondíamos
porque les teníamos miedo, después ya
siendo más gran-des y sabiendo hablar en "castilla",
ese miedo se perdió…
En la casa las mujeres hacían todo: las comidas,
el pan, facturas. Me acuerdo que los primeros de enero
rezaban un rosario en alemán y recién
para el mediodía preparaban un lechón:
primero lo pelaban bien y lo rellenaban con pasas
de uva y pan, lo cosían y lo "mandaban"
al horno de barro. Lo mismo en Navidad, los veinticinco.
En las mañanas de invierno juntaban la escarcha
en un fuentón, porque cuando se descongelaba
subía el agua buena y la sal quedaba abajo,
y ese agua usaban para lavar la ropa. En tiempo de
cosecha agarraban el trigo, le sacaban la espiga,
lo limpiaban, lo trenzaban y hacían unas tiras
muy lar-gas; las cosían y con eso hacían
los sombreros.
La heladera era el pozo. Cuando se carneaba una oveja
o un borrego, ataban la carne con un lazo y bajaban
los cortes Recuerdo que a la tardecita, antes de oscurecer,
se prendía un candil para preparar la comida,
cuando ya estaba la cena se prendía una de
esas lámparas con tubo; y así, con esa
luz y una mesa larga, cenábamos… sentarse
en la mesa a comer arremangados o en camisolín
estaba "prohibido", había que estar
bien "abrochado".
A la mañana cuando se levantaba la abuela,
prendía el fuego…, prendía el
candilcito…, ponía la pava y preparaba
el mate. Cuando nos levantábamos todos, cada
uno agarraba
un terrón de azúcar y nos pasábamos
el mate.
La "vieja" Malsam era la partera. Pepe Agostinelli
era el pocero de la Colonia. Cuando se rompía
el molino, los abuelos me mandaban a buscarlo y yo
contento iba en el carrito con los dos caballos, imaginando
que manejaba un avión.
Había muchos chicos. Juntábamos los
huesos de las patas de los caballos, los apilábamos
y les tirábamos a ver quién volteaba
más. Cada dos o tres domingos iba un cura;
la misa se daba al lado de un molino. Con mi hermana
Celestina íbamos a la escuela en un tobiano.
Todos los días la abuela nos daba un "cacho"
de pan para el recreo. Una vez, por el galope se me
cayó y me di cuenta recién en la escuela.
Cuando volvíamos, vi el "cacho" de
pan picoteado por los pájaros… ¡me
tiré del tobiano y me lo comí! El maestro
era Bracamonte, y ahí si que tuve que aprender
el "castilla". Me acuerdo que al principio
decía cosas como "la cola mueve el perro"…
y así empecé a hablar.
De vez en cuando iban los mercachifles. Vendían
ropa, vino, cigarros, tabaco, caña, azúcar,
yerba…, de todo un poco; y a su vez, si uno
tenía un "cuerito" de zorro, de liebre
o de zorrino, lo canjeaba por algo.
Recuerdo que los domingos, los Schaab venían
a pié des-de el otro molino a la casa de los
abuelos. Se juntaban a tomar mate y a comer girasol
tostado. Los abuelos venían una vez por semana
a Toay a vender crema, manteca, pollos y huevos; y
llevaban la mercadería que hacía falta.
Ya siendo jovencito, cuando trabajaba de mensual,
salíamos los días lunes a la madrugada
a matar vizcachas; don-de nos "agarraba"
el mediodía comíamos y donde nos "agarraba"
la noche, dormíamos. Desatábamos los
caballos, los maneábamos y nos hacíamos
unos "churrasquitos"; después de
comer, yo arrancaba los pastos puna, ponía
el "colchoncito" de bolsa, la cobija y me
acostaba a dormir; ¡pleno invierno! así
que solamente me sacaba la gorra y las alpargatas.
Así andábamos hasta el día sábado.
En definitiva, era una vida dura, de trabajo…,
ahí no había televisión, no había
radio, ¡no había nada! Muchos dicen que
ahora hay que pagar impuestos acá y allá,
la luz, el gas, el teléfono. En la Colonia
no había nada de eso; entonces lo que uno ganaba,
no importaba cuanto, ¡era plata!, el sueldo
se lo gastaba uno mismo.
¿Cómo era la cosecha?
A la mañana temprano se espigaba.
La máquina espigadora
tenía seis caballos atados y los carros o "catres".
El timón que daba la vuelta tenía una
rueda grande que mediante una cadena hacía
girar la cuchilla; de ahí todo iba al "catre"
y el "pistín" que estaba adentro,
que era yo, desparramaba todo. Cuando el "catre"
se llenaba, el "pistín" salía
y así se arrimaba el otro "catre"
y el que ya estaba lleno iba a la parva. Mi tío
Esteban era el "parvero". Así se
hacían 50 o 60 hectáreas. Cuando ya
estaban todas las parvas, venía la trilla para
separar el grano. Se subían tres horquilleros
a la parva, se arrimaba la trilladora con los caballos
y la plataforma. Las horquillas las hacía el
tío Sebastián con los listones de las
bordelesas vacías, porque en tiempo de cosecha
se tomaba mucho vino.
Los horquilleros iban tirando la paja y en la plataforma
había otro que iba desparramando el grano;
siempre con la máquina en marcha, que tiraba
la paja para atrás. Después, para juntar
la paja trillada, con un caballo se pasaba un tirante
largo atado con alambre de las dos puntas, eso lo
hacía el tío José. Cuando se
formaba una parva, se volvía con el tirante
para atrás y de vuelta lo traía para
formar otra parva. La paja ya trillada se usaba para
alimentar a los caballos.
A la mañana tempranito se tomaba el café
con leche, manteca y crema al lado de la parva; al
mediodía la señal para dejar de trabajar
era una caña larga con una bolsa en la punta,
como si fuese una bandera; a la tarde, se tomaba el
mate cocido, y cuando bajaba el sol se dejaba de trabajar.
Se cenaba y a dormir para seguir al otro día.
La cosecha duraba más o menos desde mediados
de noviembre hasta fin de año.
El cereal lo vendíamos en Toay, en el almacén
de Fernández Gutiérrez. También
llevábamos el cereal a Quehué, al almacén
de Ríos. Se entregaban las bolsas a cambio
de mercadería o se pagaba lo que se había
sacado durante el año.
¿En qué año dejó
de funcionar ese campo como Colonia?
En 1947 se vendió el campo
a Souto, el actual dueño, y casi todos los
colonos se vinieron para Toay y Santa Rosa.-
Gracias Vicente …