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 Toay- Junio -2006

Con sabor a nostalgia Décima parte

Los domingos era prácticamente una obligación escuchar el relato de un partido de fútbol en Buenos Aires. Las viejas radios eléctricas, de lámparas, contribuían a tener un motivo de entretenimiento. No había radio en todas las casas, así que era habitual que integrantes de familias vecinas se reunieran en casa de un propietario del aparato con motivo de éstos acontecimientos. En especial, si la fecha con-templaba un encuentro clásico: Boca - River; Independiente - Racing o San Lorenzo - Huracán, por ejemplo. Por aquellos años, estos enfrentamientos deportivos entre dos equipos se producían solo dos veces en el año, pues había un solo campeonato.
Los pronósticos se iniciaban una semana antes, y los comentarios podían prolongarse otro tanto. Simpatizantes de cada equipo mantenían acaloradas discusiones. Incluso, no faltaban quienes se hacían apuestas mutuas: por el "cinzano", por una asado y hasta por algunos "pesos"…
El lunes por la mañana, el colectivo a Santa Rosa era escenario obligado de discusiones y "chanzas" entre simpatizantes de los distintos clubes. Comenzaba en el horario de las siete de la mañana, cuando viajaban a la capital estudiantes y trabajadores. 1
La empresa "Burate" era la propietaria del servicio de la línea Toay - Santa Rosa. El servicio llegaba hasta la Escuela 62 (primero hasta el viejo ex - hotel Prado, donde funcionara hasta finalizar el año 50), y posteriormente hasta su actual ubicación. Al llegar a la intersección de Brown y Tucumán, donde se encuentra hoy emplazado el barrio Fonavi, el ómnibus "cortaba campo" por un angosto sendero ondulante, entre olivillos y caldenes, hasta casi la es-quina de la casa de Arroyat, donde doblaba para seguir nuevamente por la calle una cuadra más, hasta la escuela. 2
Los colores de los dos coches de la empresa eran el azul y el blanco. "Burate" eran las primeras letras de los apellidos de los propietarios: Burgos y Atencio. Recuerdo particularmente los dos coches afectados al servicio, ambos de marca Ford. Uno de ellos, con una capacidad de más o menos unas treinta personas sentadas; el otro era un "ñato". El "ñato" tenía butacas individuales, de cuero verde oscuro; el otro poseía asientos dobles. Ambos, además, tenían un pequeño asiento individual al lado del conductor, para el acompañante, de espaldar "doblable"
(se volcaba hacia delante). Este asiento era el más disputado por ciertos pasa-jeros habituales, en especial entre los estudiantes y trabajadores. Es que quien allí se sentara, era el encargado de manipular el sistema que abría y cerraba la puerta (la única de ascenso y descenso).



Por aquellos tiempos, desde la casa de Mángano (en la intersección de los bule-vares Regimiento 13 de Caballería y 9 de Julio), siempre circulaba por la misma mano hasta la esquina de "La Casa Nueva" (9 de Julio y Sáenz Peña). Es decir que al ingresar a Toay, circulaba en contramano. La otra arteria del bulevar 9 de Julio no era usada casi por nadie, salvo algún carruaje o por vehículos que debieran estacionarse en las viviendas de ese lado de la avenida. El viaje, por otra parte, entre la capital y mi pueblo, podía llegar a durar entre 30 o 35 minutos, pues el desplazamiento era lento y además, los accesos a ambas poblaciones eran arenosos. Y cuando llovía, había que tener cuidado con las lagunas que se formaban, pues en algunos lugares resultaban bastante profundas.
Las "paradas" eran más o menos las mismas de hoy en día. Pero había una muy tradicional y conocida: "La Dorita". Así era conocido ese apeadero, en 9 de Julio e Italia. Hoy es el taller de Tamborini, pero si usted se fija bien, verá que enfrente, en la otra esquina, todavía existe una pequeña verdulería que tiene sobre la puerta de acceso un cartel con ese nombre: "La Dorita". Para mí, esta es la verdulería más antigua que existe en el pueblo. Y desde que tengo memoria, "Agüerita" atiende el negocio. Primero, junto a su padre, habiendo continuado solo a su muerte en este ramo. Me pare-ce recordar a don Agüera, algo "regordete" y de baja estatura, con un sombrero negro puesto sobre su cabeza.-


1 - El horario de las siete de la mañana era conocido como "el colectivo de los estudiantes". En este se trasladaban todos los estudiantes de los colegios secundarios de Santa Rosa.-
2 - Cuando los colectivos llegaban hasta la Escuela 62, mientras ésta funcionaba en el ex - hotel de Prado, en la breve espera de algunos minutos antes de iniciar el regreso, los muchachos de Tamborini tenían que almorzar para regresar al colegio. Estudiaban en "la Escuela Industrial" (hoy Epet N°1) y concurrían en doble turno, es decir, mañana y tarde.-


























 

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