¿Nos sentimos toayenses?...
A veces escucho a la gente nombrar a esta ciudad de
forma despectiva, "este pueblo fantasma";
escucho hasta el hartazgo la palabra envidia: "esta
gente envidiosa", esta gente llena de rencores
hacia el otro, hacia lo que hace o deja de hacer el
otro, hacia el éxito o progreso del que está
al lado. Escucho por aquí y por allá
que si caminas por la calle con un sombrero, con una
ropa formal o informal, "extravagante",
que si te maquillas o te cortas el pelo diferente,
que si te pones un moño o un gorro, que si
te dejas barba o te rapas, que si te pones esto o
aquello, eres un loco de-mente al que todas las miradas
se dirigirán, haciéndote sentir el "extraño",
el ajeno. A veces oigo referirse a Santa Rosa como
el lugar de referencia, de cercanía, en vez
de decir que realmente pertenecés a Toay, que
es tu lugar de pertenencia; o si te referís
a él lo hacés en último término,
decís "es un pueblito cerca de la capital
de Santa Rosa a 12 kilómetros mas o menos".
Escucho también a muchos jóvenes y no
tanto que se han ido a otro lugar diciendo que va-loran
nuestra ciudad cuando están lejos de ella.
¿Por qué será?
Estas voces me llevan a afirmar que esta comunidad
identitaria se afirma hoy sobre bases endebles, sobre
redes débiles, sobre sentimientos hostiles.
Es cierto que el con-texto socio - económico
no nos ayuda demasiado, la brecha entre ricos y pobres
es aquí como en muchos lados del mundo un problema
estructural, una mancha oscura. Tampoco nos ayuda
la ambición de muchos otros, su hambre acaparador,
la arrogancia de otros tantos. Pero más allá
de todo formamos parte de una comunidad, que posee
valores, creencias, sentimientos, símbolos
de pertenencia, un bagaje histórico impresionante,
y que en ese trasfondo cultural existen clivajes que
nos unen y que nos enlazan por el sólo hecho
de ser toayeneses. Mas allá de la hostilidad,
de esa mirada que acecha, de ese ojo que circunscribe,
que marca, que estigmatiza, nuestro Toay posee una
cultura propia de la que no somos ajenos, forma parte
de una red de antepasados y tradiciones que se entretejen
entre sentimientos e ideales que hicieron de nuestra
ciudad un lugar con fisonomía propia.-
por Analía Altamiranda