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 Toay- Junio -2006

Realidad Identitaria La identidad en jaque

¿Nos sentimos toayenses?... A veces escucho a la gente nombrar a esta ciudad de forma despectiva, "este pueblo fantasma"; escucho hasta el hartazgo la palabra envidia: "esta gente envidiosa", esta gente llena de rencores hacia el otro, hacia lo que hace o deja de hacer el otro, hacia el éxito o progreso del que está al lado. Escucho por aquí y por allá que si caminas por la calle con un sombrero, con una ropa formal o informal, "extravagante", que si te maquillas o te cortas el pelo diferente, que si te pones un moño o un gorro, que si te dejas barba o te rapas, que si te pones esto o aquello, eres un loco de-mente al que todas las miradas se dirigirán, haciéndote sentir el "extraño", el ajeno. A veces oigo referirse a Santa Rosa como el lugar de referencia, de cercanía, en vez de decir que realmente pertenecés a Toay, que es tu lugar de pertenencia; o si te referís a él lo hacés en último término, decís "es un pueblito cerca de la capital de Santa Rosa a 12 kilómetros mas o menos". Escucho también a muchos jóvenes y no tanto que se han ido a otro lugar diciendo que va-loran nuestra ciudad cuando están lejos de ella. ¿Por qué será?
Estas voces me llevan a afirmar que esta comunidad identitaria se afirma hoy sobre bases endebles, sobre redes débiles, sobre sentimientos hostiles. Es cierto que el con-texto socio - económico no nos ayuda demasiado, la brecha entre ricos y pobres es aquí como en muchos lados del mundo un problema estructural, una mancha oscura. Tampoco nos ayuda la ambición de muchos otros, su hambre acaparador, la arrogancia de otros tantos. Pero más allá de todo formamos parte de una comunidad, que posee valores, creencias, sentimientos, símbolos de pertenencia, un bagaje histórico impresionante, y que en ese trasfondo cultural existen clivajes que nos unen y que nos enlazan por el sólo hecho de ser toayeneses. Mas allá de la hostilidad, de esa mirada que acecha, de ese ojo que circunscribe, que marca, que estigmatiza, nuestro Toay posee una cultura propia de la que no somos ajenos, forma parte de una red de antepasados y tradiciones que se entretejen entre sentimientos e ideales que hicieron de nuestra ciudad un lugar con fisonomía propia.-

por Analía Altamiranda






 

 

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