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 Toay- Junio -2006

Goya en el Museo Verde por Miguel Ángel Rodríguez

i
En el mes de Julio del corriente año, el Museo Provincial de Artes - nuestro inquebrantable Museo Verde - recibe ochenta y dos grabados de Francisco de Goya y Lucientes.
Constituyen el conjunto completo de la serie denominada Los desastres de la Guerra, confeccionados entre 1810 y 1815, y publicados hacia la década de 1863.
A través de Los desastres podemos sondear las múltiples visiones y pensamientos de Goya en relación a un fenómeno histórico dramático e interesante: el avance de las tropas napoleónicas en el interior de la península Ibérica. Esta incursión político - militar, visible con claridad hacia 1808, está sumamente engarzada a los fenómenos revolucionarios de Mayo de 1810 en el Río de La Plata.
Pero, el valor de las ochenta y dos estampas rebasa su carácter documental. En todo caso, este carácter va más allá de una invasión particular, permitiéndonos abrevar un basto enjambre de símbolos, cosmovisiones, pensamientos y negaciones.
Concepciones del mundo, elucubraciones y alquimias neuronales cercanas y distantes respecto de nuestro mundo.
ii
Como es posible inferir, la temática central de Los desastres es la guerra. Sin embargo, Goya es múltiple. Su cuerno artístico reboza de abundancia. Alegorías, imágenes e interrogantes convierten a quien observa en parte activa y fecunda de la explosión estética.
Para naufragar con éxito en algunas temáticas acechadas por Goya es bueno incorporarse al siglo XVIII. Por aquel entonces, la ilustración se jactó de poder ver y vivir en el mar de oscurantismo e irracionalidad propios al medioevo y buena parte de la modernidad.
Búhos, murciélagos y gatos, entre otros animales de hábitos nocturnos, fueron convertidos en símbolos de una razón abridora de senderos en medio de las noches más oscuras y cerradas.
Ungidos en burlas y satirizaciones, este simbolismo es retomado por Goya. Si la Revolución Francesa fue el gran sueño de la razón ilustrada, ¿por qué no concebir a Napoleón, junto a aquellos ilustrados justificadores de la aniquilación, como monstruos salidos de un sueño desenfrenado y cruel?
En Contra el bien general podemos ver un libro junto a cierto sabio erudito dotado de alas de murciélago en la cabeza. Garras felinas, dónde deberían verse manos y pies, completa la obra.
En Gatesca pantomima un gigantesco gato posa cuan rey sobre una pila de libros, mientras un monje entrega reverencia y pleitesía. La imagen es coronada por un ¿búho?, a tiempo que la expectante multitud contempla el festín ilustrado.
A lo largo de las estampas percibimos, una y otra vez, al artista desencantado de la Razón ilustrada amante de crímenes, guillotinas y libros ostentadores del saber. El libro, fundamental en el proyecto enciclopédico, alberga escrituras de monstruos y sostiene fieras posee-doras de visión nocturna.
iii
Después de vivir y comprender, más que entender, algunas estampas de Goya, puedo percibir la grandeza de otras cimas del poder cultural. Inevitable-mente emerge la figura de Olga Orozco. Pocos, como ella, asociaron el pensamiento - antes que la razón - a la noche, sugiriéndonos vivir intensamente las arenas y los bosques, portadores de tanta razón y sabiduría. Sinapsis brillante, lejana del mundo barroco y romántico, abridora de nuevos llanos, sin jerarquías ni arrogancias.-








Contra el bien general.







Gatesca pantomima.





 

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