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 Toay- Julio -2006

Con sabor a nostalgia Décimo primera parte

.Siendo todavía alumnos de la primaria, aguardábamos el colectivo en la esquina de doña Juana Lavín, donde hoy está la farmacia Galeno (9 de Julio y España), junto a mi madre y mi hermano, para dirigirnos hasta la Escuela 62. En éste viajaban las maestras de ambas escuelas del pueblo (5 y 62) desde Santa Rosa, ya que la mayoría de los docentes estaban radicados en la capital. Tal era el caso de Delia S. de Rubio (mi primera y también mi última maestra), Aurora Di Liscia, Miguel A. Menéndez, Elisa Huarte, "Panchita" Rodríguez, Paula Ponce Salinas, entre otros.
Por esos tiempos se iniciaba la escuela en primer grado inferior. Empecé en 1948 en la Escuela N°62, cuando ésta funcionaba en el viejo caserón de Prado, que a principios de siglo había sido hotel. En el mismo local concurrí hasta 1950, es decir primero superior y segundo grado. En 1951, terminado el nuevo edificio, la Escuela allí se trasladó. 1
El patio del viejo edificio de Prado tenía una parte de ladrillos circundado por galerías abiertas de techos de chapa. Allí estaban el pedestal y el mástil, franqueado por maceteros altos, resguardando - creo que dos - plantas de palmeras. Al fondo dos "baños", que eran en realidad, letrinas. Enormes caldenes sombreaban ese sector. En los recreos se jugaba a la mancha, a las escondidas, a las figuritas, a las bolitas, y en algunas ocasiones a la pelota, con una de "trapo". Éramos "la escuelita del sur", y algunos peyorativamente, nos llamaban "los de la escuelita de los pobres". Tal vez por esa razón, quienes hemos pertenecido a ésta Escuela, la amamos tanto. Tal vez por esa razón, nuestra Escuela ha mantenido una tradición tan particular, rica en sentimientos y recuerdos. Tal vez por esa razón, nuestra Escuela transmite tanto calor humano y es permanentemente fuente inspiradora de cosas simples, nobles y de elevado contenido espiritual…
El director de nuestra Escuela - desde mi primero inferior hasta sexto grado -, fue el señor Zenón Mariani. Mientras funcionó en el ex - hotel de Prado, vivía con su familia en dependencias contiguas de los mismos propietarios del edificio. Cuando se inauguró el nuevo edificio, habitó la casa destinada al director, en la misma escuela.
En los patios se encontraban insatalados juegos de hamacas, sube y baja, y otros más. Como solo contaba con cuatro aulas, la Escuela funcionaba en dos turnos: de tercero a sexto por la mañana, y de primero inferior a segundo, por la tarde.
Los alumnos de la zona rural solían llegar en sulky o a caballo. Tal era el caso de mis compañeros Humberto Zilinsky y Víctor Gette.
El comedor y la portería estuvieron, por esos años, a cargo de doña Rosario Ingrassia y su hija Sarita, y ya después del año 52, por Boetti. En tanto, en la Escuela 5 la dirección era ejercida por don Ítalo López y el portero era don Felipe Delarada.
Durante el período lectivo, las campanadas de las escuelas despertaban al pueblo. El repiqueteo convocante surcaba el aire toayense y en su ritmo monótono encerraba un canto indefinido, mágico, alegre y vital. Parecía que despertaba sentimientos dormidos, aletargados, potenciando una energía creadora, inmanente, motivadora. Es que, crease o no, todo mensaje que parte de una escuela posee magia, encantamiento, sueños… Y el tañido de la campana es un mensaje que se mete dentro, ocupa el corazón y trepa al espíritu… Amar la Escuela es amar al niño, y amar al niño es amar el futuro del país.
Don Rufino Bracamonte atendía la agencia de diarios y revistas "La Pamperita", en la intersección de Sarmiento y Sáenz Peña. Era el único en éste ramo. Posteriormente y tras su muerte, su hija "Porota" (profesora de piano y dactilografía) continuó al frente de ésta actividad, pero ya en el domicilio de calle España, frente al club Sportivo Toay. La Esposa de don Rufino, doña María, trabajaba en el correo, que en esa época funcionaba en la esquina de Mitre y España, donde años después existiera el comercio de Martínez y Lespade.-


1- El año de inauguración del edificio propio - 1951 -, fue el único que no cursé en la Escuela Nº62. Mi tercer grado lo cursé en la Escuela N°11 de General Acha y durante más o menos un mes, en una pequeña escuela en Cotita, donde se encontraban mis tíos Tito y su esposa Irma Crespo, en oportunidad que mis padres tuvieron que trasladarse por ese lapso de tiempo a Buenos Aires.-










 

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