.Siendo
todavía alumnos de la primaria, aguardábamos
el colectivo en la esquina de doña Juana Lavín,
donde hoy está la farmacia Galeno (9 de Julio
y España), junto a mi madre y mi hermano, para
dirigirnos hasta la Escuela 62. En éste viajaban
las maestras de ambas escuelas del pueblo (5 y 62)
desde Santa Rosa, ya que la mayoría de los
docentes estaban radicados en la capital. Tal era
el caso de Delia S. de Rubio (mi primera y también
mi última maestra), Aurora Di Liscia, Miguel
A. Menéndez, Elisa Huarte, "Panchita"
Rodríguez, Paula Ponce Salinas, entre otros.
Por esos tiempos se iniciaba la escuela en primer
grado inferior. Empecé en 1948 en la Escuela
N°62, cuando ésta funcionaba en el viejo
caserón de Prado, que a principios de siglo
había sido hotel. En el mismo local concurrí
hasta 1950, es decir primero superior y segundo grado.
En 1951, terminado el nuevo edificio, la Escuela allí
se trasladó. 1
El patio del viejo edificio de Prado tenía
una parte de ladrillos circundado por galerías
abiertas de techos de chapa. Allí estaban el
pedestal y el mástil, franqueado por maceteros
altos, resguardando - creo que dos - plantas de palmeras.
Al fondo dos "baños", que eran en
realidad, letrinas. Enormes caldenes sombreaban ese
sector. En los recreos se jugaba a la mancha, a las
escondidas, a las figuritas, a las bolitas, y en algunas
ocasiones a la pelota, con una de "trapo".
Éramos "la escuelita del sur", y
algunos peyorativamente, nos llamaban "los de
la escuelita de los pobres". Tal vez por esa
razón, quienes hemos pertenecido a ésta
Escuela, la amamos tanto. Tal vez por esa razón,
nuestra Escuela ha mantenido una tradición
tan particular, rica en sentimientos y recuerdos.
Tal vez por esa razón, nuestra Escuela transmite
tanto calor humano y es permanentemente fuente inspiradora
de cosas simples, nobles y de elevado contenido espiritual…
El director de nuestra Escuela - desde mi primero
inferior hasta sexto grado -, fue el señor
Zenón Mariani. Mientras funcionó en
el ex - hotel de Prado, vivía con su familia
en dependencias contiguas de los mismos propietarios
del edificio. Cuando se inauguró el nuevo edificio,
habitó la casa destinada al director, en la
misma escuela.
En los patios se encontraban insatalados juegos de
hamacas, sube y baja, y otros más. Como solo
contaba con cuatro aulas, la Escuela funcionaba en
dos turnos: de tercero a sexto por la mañana,
y de primero inferior a segundo, por la tarde.
Los alumnos de la zona rural solían llegar
en sulky o a caballo. Tal era el caso de mis compañeros
Humberto Zilinsky y Víctor Gette.
El comedor y la portería estuvieron, por esos
años, a cargo de doña Rosario Ingrassia
y su hija Sarita, y ya después del año
52, por Boetti. En tanto, en la Escuela 5 la dirección
era ejercida por don Ítalo López y el
portero era don Felipe Delarada.
Durante el período lectivo, las campanadas
de las escuelas despertaban al pueblo. El repiqueteo
convocante surcaba el aire toayense y en su ritmo
monótono encerraba un canto indefinido, mágico,
alegre y vital. Parecía que despertaba sentimientos
dormidos, aletargados, potenciando una energía
creadora, inmanente, motivadora. Es que, crease o
no, todo mensaje que parte de una escuela posee magia,
encantamiento, sueños… Y el tañido
de la campana es un mensaje que se mete dentro, ocupa
el corazón y trepa al espíritu…
Amar la Escuela es amar al niño, y amar al
niño es amar el futuro del país.
Don Rufino Bracamonte atendía la agencia de
diarios y revistas "La Pamperita", en la
intersección de Sarmiento y Sáenz Peña.
Era el único en éste ramo. Posteriormente
y tras su muerte, su hija "Porota" (profesora
de piano y dactilografía) continuó al
frente de ésta actividad, pero ya en el domicilio
de calle España, frente al club Sportivo Toay.
La Esposa de don Rufino, doña María,
trabajaba en el correo, que en esa época funcionaba
en la esquina de Mitre y España, donde años
después existiera el comercio de Martínez
y Lespade.-
1- El año de inauguración del edificio
propio - 1951 -, fue el único que no cursé
en la Escuela Nº62. Mi tercer grado lo cursé
en la Escuela N°11 de General Acha y durante más
o menos un mes, en una pequeña escuela en Cotita,
donde se encontraban mis tíos Tito y su esposa
Irma Crespo, en oportunidad que mis padres tuvieron
que trasladarse por ese lapso de tiempo a Buenos Aires.-