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 Toay- Julio -2006

Entrevista a Jorge Ludueña por Juan J. López

....Yo siempre fui de acá de Toay, nací en "Las 1000 hectáreas", un campo de por acá y que en aquella época era del "Patronato de Menores". Mis abuelos se vinieron para el pueblo y compraron frente a la quinta de Ferreira, hasta que después ya se "desparramaron" todos los muchachos a trabajar y Maidana, que era mi padrastro, hizo la casa en-frente de lo de Lucero; de ahí vinimos para el rancho de O´higgins y España, que en aquel tiempo era una casa muy linda. Yo era muy chico, tendría ocho o nueve años.

¿Cómo era el pueblo?

Y… era muy diferente a como es ahora. Aquel pueblo era mucho más pequeño que el actual… había muy pocos coches, todos andaban en carros y chatitas rusas. Sin embargo, tenía varios hoteles y almacenes, tres panaderías, había herreros…, carpinteros; todo el mundo trabajaba. Pero…, con el tiempo las cosas fueron cambiando.
En esa época existían muchas quintas y chacras, la sección comenzaba atrás del Regimiento, allá por lo del "Vasco" Eustaquio Izaguirre, que era el lechero. Por allá estaban también Julio Diez, los Capello, los Miskoff; en "la esquina" frente al cementerio estaba Phegouapé. También tenían chacra Vitaloff, Borrás, Fernández y muchos más que ya no recuerdo. Había también varias escuelas rurales como la de "El Triángulo", la de "La Araña", la de "Chapalcó" que aún existe, la escuela de "El Estribo" (Colonia Quintas) y la escuela de "La Elvira". Es que en el campo vivía y trabajaba mucha gente que constantemente venía a Toay. En mi época de escuela muchos venían en sulky y a caballo a estudiar y en los árboles que estaban al lado del tanque se ataban los caballos. Yo terminé la escuela a los 15 años, éramos ocho varones y cinco mujeres en la promoción.

¿Qué hacía un joven en Toay al terminar la escuela?

Y… trabajaba o seguía estudiando en Santa Rosa. En esos años trabajaba todo el mundo y nosotros los jovencitos también, aunque no fuesen trabajos "firmes". Mi primer trabajo fue de cadete: recuerdo que le llevaba la vianda a pie a un oficial de policía. Después seguí de cadete, pero en la farmacia del pueblo, que en ese entonces era de Camila San Pedro y que anteriormente había sido la farmacia de Cobo, ubicada en la esquina de España y Sarmiento, frente a la panadería La Carlota. En las otras esquinas estaban el almacén de ramos generales de Fernández Gutiérrez y la carnicería, que en esos años era de Plazaola.
A los veinte años más o menos comencé mi primer trabajo estable en la panadería de Losada. Salí "sobador" y "maestro de pala". Sobador era el que operaba la máquina para sobar la masa y el maestro de pala era el que metía el pan al horno; era bastante complicado: cuando se mete la pala, al llegar al fondo del horno enseguida hay que girarla un poquito para dejar el pan, porque sino cuando la sacás, la pala viene con todo el pan pegado. Esa técnica la empecé a usar con don Maximino; con él hacíamos el pan dulce, un trabajo que a nadie le gustaba hacer porque había que picar la fruta..., soplar la cáscara del maní..., y preparar todo.

¿Cómo era el trabajo en la panadería?

En esa época se hacían cuatro turnos: uno lo atendía Ángel, que era el dueño; otro Maximino; otro Pepe y el otro Isidro. No paraba nunca la panadería, se trabajaba mucho con "la campaña". Los lunes salían muchas bolsas de galleta para "Santa Marina", un almacén de ramos generales de Santa Rosa. Los martes cargaba el Vasco Gorozurreta para "La Casa Nueva", los jueves volvía a cargar Santa Marina y los viernes a la mañana o los sábados cargaba "La Moderna" de General Acha. Esas casas vendían de todo un poco: hierros, maderas, ropas, comestibles. Acá en Toay había varios de esos almacenes…La Casa Nueva, donde ahora está la panadería; La Casa de Paz, donde ahora está la biblioteca; Fernández Gutiérrez, donde ahora existe un lubricentro. Eran casas comerciales "muy fuertes". Por donde a-hora es la puerta de la panadería, en La Casa Nueva se despachaba todo lo que era hierros y maderas, y por la puerta del costado se entraba al sector de almacén y tienda, que estaba a cargo de don Chavarri, Horacio del Campo era el administrador general.

¿Se acuerda cómo era el proceso para hacer el pan?

Primero se preparaba la masa, después venía el amasado en la máquina amasadora. Esa máquina funcionaba en base a engranajes y correas con un motor diesel, arrancaba a las 10 de la noche y a las 6 de la mañana. Se armaban los "pastones", que eran pedazos de masa de 20 ó 30 kilos que se dejaban reposar sobre una lona blanca. Luego se trabajaban en la máquina sobadora, se doblaban en cuatro y se "tiraban" al torno; así le llamábamos a la mesa donde se hacían los panes y se cortaba la galleta a mano con un molde de acero con filo.
Recuerdo una vez que a un compañero casi lo ahorca la máquina sobadora. Pasó que éste personaje se había ido a una milonga en Santa Rosa y vino a trabajar con unas "copas de más". Entraba en el turno de las cuatro y llegó a las seis, se puso el "chiripá", que era un delantal blanco, pero se dejó la corbata puesta y parece ser que la masa le agarró la corbata; cuando éste hombre pegó el grito, la máquina lo estaba llevando… por suerte no pasó nada y lo mandaron para la casa..., ¡pero por ese accidente nos perdimos de ganar la lotería!
Resulta que siempre venía a la panadería don Damico y le jugábamos el billete 18.426, que era de cuatro. Ese día Damico llegó a las ocho menos diez, un rato después de que
se había ido "el ahorcado"; la lotería se jugaba a las nueve y media, pero don Ángel había renegado tanto por lo del accidente que andaba muy enojado, entonces no quiso jugar... Le dice don Damico:
- ¿Va a jugar don Ángel? - ¡Hoy no juego yo y no juega na-die!, ¡lleváte el billete y
vendélo por ahí! - Le contestó.
Entonces don Damico se fue y lo vendió en la municipalidad a Tadeo Gutiérrez y a otros más. Resulta que más tarde volvió don Damico a decirnos que había salido nuestro número. ¡No lo podíamos creer!

¿Cuándo comenzó a trabajar en la Escuela N°5?

En la Escuela empecé con una suplencia después que salí del servicio militar. Yo era chofer en la municipalidad, manejaba un camión de esos verdes, viejos, que vinieron de la post - guerra para La Pampa, pero fueron veinte días nomás, porque me llamaron de la Escuela N°5 para una suplencia de tres meses designado por la Inspección de Escuelas. Anteriormente yo había llenado una planilla para conseguir ese trabajo. Recién me había casado y vivíamos con mi mujer en una dependencia de la casa de la abuela de Buby García, doña Quiteria. Recuerdo cuando me enteré, ¡qué alegría tenía!... Unos días antes me había ido a trabajar como peón de albañil a la estancia de Waco en Chapalcó, y una noche José Guido fue a buscarme:
- ¡Jorge, te vengo a buscar! - me dijo - ¡Para qué!, ¿pasó algo? - le pregunté - ¡No!, no hay ningún problema…, lo que pasa es que te nombraron. - ¡No me digas! - ¡Sí te digo!, ¡te nombraron! No me olvido más el alegrón de ese día.
- ¡Pero vas de suplente! - me dice José. - ¡Pero que importa!
Si en ese momento hubiese sabido lo que me iban a pagar como suplente, quizás ni empezaba. Pero así estuve tres meses en la escuela, hasta que volví a trabajar en la municipalidad, ya no como chofer sino como cadete: iba al correo, al banco… Después de eso me volvieron a llamar de la escuela por cuatro meses más hasta que dejé y me fui a hacer unos viajes "de leña" con Schultz. Y bueno…, en el 57 volví a trabajar como peón de albañil a Chapalcó, hasta que un 25 de noviembre vuelve Guido a buscarme, pero esta vez para decirme que me habían nombrado definitivamente. Y ahí estuve en la escuela…, durante 32 años.

¿Cómo era la escuela?

Era muy diferente. El edificio era más chico, estaba la "parte alta" solamente. Había seis grados nada más. Un día, antes de venirme a vivir a la escuela don Ítalo López, que era el director, me preguntó:
- Jorge ¿dónde vivís vos? - Acá a dos cuadras - le digo. Yo estaba en esa casa donde vivió Krahn (25 de Mayo y San Luis) - Bueno… yo te voy a dar la pieza del patio - me dice.
Y me vine a vivir ahí. Era una pieza grande con baño y cocina que estaba a la derecha de los baños de los chicos. Me dio permiso para alambrar una "parcelita". El patio era muy diferente a como es ahora, se ponía muy oscuro a la noche, estaban los eucaliptus; así que yo tenía mi perro guardián, el "Gaucho", que lo a-taba en los recreos y cuan-do se iban los chicos, lo soltaba. También tenía gallinero, una huertita... ¡y hasta un cisne tuve! Un día pasa un viejo y me dice:
- ¡¿Usted es el dueño del cisne?! - Sí, se lo vendo - le digo. - ¡No!, ¿para qué quiero un cisne yo? Fíjese bien que un día el cisne va a cantar y después se muere… - me dijo.
Y así fue… no cantaba nunca el cisne, pero un día cantó y después…, se murió.
Ahí estuve hasta el 65, cuando se jubiló don López y vino Nelly de Paz, pero como ella no fue a vivir a la casa de la escuela, me fui yo para allá arriba.
Cuando faltaba poquito para el aniversario 75, ella quería hacer algo que "quedara"; entonces comenzó a juntar ladrillos para hacer la sala de manualidades y la sala de música, que son las aulas que hoy están a los costados del escenario. Fueron construidas con ladrillos y mano de obra del Regimiento.

¿Qué cambios percibe en el pueblo con el paso del tiempo?

Hemos progresado en muchas cosas, tal vez vivamos mejor, con más comodidades… pero hemos retrocedido en las cosas más importantes. La sociedad está muy cambiada en ese sentido… y Toay no es la excepción.-









Vieja farmacia Cobo, posteriormente de Camila San Pedro.







Soldados del Regimiento 101 definiendo los últimos detalles de las nuevas aulas





 

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