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 Toay- Abril-2006

Con sabor a nostalgia Octava parte

Cuando íbamos al cine, utilizábamos además una honda diminuta. Con ella, disparábamos durante la función, “bolitas” de papel o granos de maíz, e inclusive alguna “bolilla” de paraíso, verde aún, sobre las cabezas de quienes se encontraban en las butacas de las filas de adelante. No había que abusar de estos “tiros”, pues corríamos el riesgo de ser expulsados si el desorden provocado resultaba mayúsculo.
A la salida, ya de noche, nos ocupábamos – con las hondas de grueso calibre – de importunar a algunos vecinos, haciendo blanco sobre techos, molinos y también, en algunas ocasiones, en los vidrios de las ventanas. Protegidos por la oscuridad y por un alumbrado público escaso o nulo, emprendíamos la veloz “huída”, cuando desde el interior de alguna casa, el dueño aparecía en la vereda, a los gritos, prometiendo “rompernos” a patadas ciertos sectores de nuestra humanidad si alcanzaba a echarnos las manos encima; como así también nos “obsequiaba” con epítetos irreproducibles, algunos muy comunes y otros de la propia cosecha del autor; que dicho sea de paso, también pasaban a engrosar nuestro vocabulario, que a su vez, utilizábamos en las ocasiones apropiadas.
Las funciones de cine eran contadas. Solamente se exhibían películas los fines de semana. Los domingos, solían realizarse proyecciones por la tarde, generalmente en invierno. El sábado, la función era por la noche. El local pertenecía a la Asociación Española (hoy club Guardia del Monte), y por los años en que estoy basando estos recuerdos, don Julio Diez era el “empresario”.
Don Julio era un español (“gallegos” para nosotros, como todos los íberos) de fuerte voz, gruesa nariz y cabellos blancos. Usaba anteojos y nunca supe muy bien como hizo para aguantar tantos años para administrar una sala de cine como la que tenía a cargo. A ambos lados del “hall” de entrada, la boletería y el “buffet”. En este último, se vendían caramelos, se vendían caramelos, pastillas, masitas, turrones,... en fin, toda suerte de golosinas de aquella época. Alguna bebida “blanca” para los mayores y café en invierno. Para los menores, la única bebida era la naranjina.
Creo que en algún momento – debe haber sido el Instituto Nacional de Cinematografía -, “apuró” a don Julio por la cuestión de los impuestos... ¡Tendrían que haber pagado sus servicios, no reclamar impuestos!..., pero ya se sabe como son estas cosas..., no sé como arregló el problema. Seguro que habrá pagado el sagrado “diezmo”, porque hay dos cosas seguras en este país: morirse y... cumplir con el Estado en materia impositiva. En ninguno de los dos casos el interesado puede pedir rendición de cuentas.
La sala tenía piso de madera y unas butacas duras, también de madera y armazón de hierro. Si la película se cortaba – y esto sucedía a menudo - , la “muchachada” prorrumpía en estridentes silbidos, gritos y zapateos contra el piso, en señal de desaprobación. Entonces se encendían las luces, imponiendo orden y silencio. Cuendo se solucionaba el desperfecto, se reiniciaba la función. Previo a comenzar la proyección y tras el intervalo a mitad de la misma, un sonoro timbrazo anunciaba que el público debía ir tomando ubicación dentro de la sala.
Hasta el arribo del color y el “cinemascope”, las películas, noticiosos y episodios eran exhibidos en blanco y negro. La pared del fondo tenía un cuadrado pintado de blanco donde se proyectaba la película.
A los costados de la sala, existían grandes puertas y ventanas. En verano – por supuesto que de noche - , era común que estas se abrieran un poco, a fin de permitir que entrara un poco de aire fresco y el público no se ahogara de calor.
Los episodios eran algo así como las “miniseries” de hoy día: había que seguirla a la semana siguiente para no perder la trama. El capítulo quedaba invariablemente suspendido cuando “el muchachito” estaba a punto de perder la vida. El suspenso se prolongaba una semana, y el comentario era “arriesgar” la opinión sobre como el héroe salvaría su pellejo. Si la memoria no me falla, algunos famosos de estos “episodios” fueron “La Araña”, “Fu – Man –Chú” y “La mano que aprieta”. Demás está decir que el “episodio” aseguraba la “taquilla” de la semana siguiente.






 

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