Todo asentamiento urbano ya sea una pequeña aldea o una gran metrópoli, es naturalmente ecléctico. Los usos y costumbres de los habitantes se reflejan, inevitablemente, en la fisonomía peculiar que define el aspecto de una ciudad, de un pueblo, de un barrio, de una plaza, de una calle o de una esquina. Todo interactúa dando forma idioma al urbano mediante el cual un determinado lugar y o espacio se expresa y nos dice como fuimos, sobre todo como, como fuimos como sociedad.