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Toay- Mayo -2008




Don Benito Zacha por Pancho Duque / de Mi Tierra Pampa



Entre tantos sucedidos
que he visto en mi existencia,
hay uno que a esta audiencia
quiero darle el contenido.
Personas hay a las que el olvido
o eso que llaman amnesia,
castigan su existencia
sin explicable razón.
Tal vez por esa cuestión
sean más felices o menos,
pero en eso a fondo no entremos,
pues no tengo precisión.

Afectado de ese mal
conocí a Benito Zacha,
paisano del pago de Acha
y la zona de Utracán.
Tan sólo de respirar
el pobre no se olvidaba,
y de comer se acordaba
al sentir debilidad.
Eso sí, pa' jinetear
nadie el poncho le pisó
porque de chico olvidó
con estribos desmontar.

Miren si era despistado
el gaucho del que les hablo,
que un día agarró el caballo
para ir hasta el poblado.
Pronto se hubo empilchado
y partió sin darse tregua,
pero al llegar a una legua
cayó al suelo extenuado.
Después de recuperado
se avivó este papagayo
que había olvidado el caballo
y andaba solo en recado.

Pero un trágico día
del que nunca se olvidó,
fue ese domingo que halló
apuñalada su hombría.
Estaba en la pulpería
entre ginebras y cañas,
y un amante a las cizañas
tan ebrio como maldito,
comentó al pobre Benito
que su mujer lo engañaba
y cuando él se ausentaba
al rancho se hacía el Juanito.

Tamaña fue su amargura
tras aquella confesión,
que su primera reacción
fue tomar diez cañas puras,
mientras hacía sus censuras
a tanta infidelidad.
Siguió tomando otras más
sin darse cuenta siquiera
si esa bebida era
ron, ginebra, vino o caña
y así fue juntando saña
al igual que borrachera.

Empezó con maldiciones
hacia el hombre mal nacido,
que por patearle su nido
ganaba tales sermones.
Y la mujer ¿qué razones
podía tener?... Dios mío.
Le entraba un escalofrío
pensando que siendo bueno
Dios le diera ese veneno
para verse así ultrajado.
Miró a todos y ofuscado
gritó con su voz de trueno:
lo deja al cielo mirando.
de la boca iba manando
-¡La he de matar... no me atajen,
que a quien lo intente lo achuro!
Y a ese maldito aseguro que
aunque de un chumbo me baje,
con mi facón, el desgaje,
con gusto yo le he de hacer.
¡Perra, maldita mujer...,
hijo e'perra el gran traidor!...
Les juro aquí por mi honor
que esta traición me la cobro.
Me desgracio, pero el tordo
va a quedar pa'dar olor.

Dicho esto, como luz
salió de la pulpería.
La paisanada que había
jugando al truco y al mus,
lo miraba al trasluz
hasta que montó el caballo,
y más ligero que un rayo
de un salto lo enhorquetó.
El animal se plantó
sin querer mover las patas
y revoleando la "guacha"
por poco no lo mató.

Alguien le logró gritar:
¡Desatalo del palenque!...
Saltó al piso y así enclenque,
de nuevo volvió a montar.
¿Qué pasa, sos marcha atrás?...
dijo mostrando su estrés,
lo había montado al revés
y al darse cuenta el bendito
dio un salto y pegó un grito
al estilo Satanás,
saliendo el pobre animal
como chiflido de pito.

Volaba cual vil centella
rumbo a su rancho querido,
sabiendo que allí metido
junto a la china adorada,
ese mal hombre ahora estaba
disfrutando en su lugar.
Ya muy cerca de llegar
el facón desvainaba.
Echó pie a tierra y en mano,
su facón iba punteando.
A un perro que esperando
trata de saludar a su amo,
da un revés el paisano
espuma, rencor y rabia.
Trató de ponerse en calma
antes de dar el zarpazo.
Dio un tranco y un manotazo,
y al Diablo entregó su alma.

Dentro del rancho no oyó
más que el maullido de un gato.
Se imaginó que ese ingrato
con su prenda se "juyó",
y agazapado enfiló
"pa'l lao de la intimidad".
Decidido estaba ya
de darle gusto al facón
para cobrar la traición
como ordena el Mandamás.
Sintió que aquel desde allá
lo obligaba a tal cuestión.

Alzó el facón y apuntó
al centro de la catrera.
Con la izquierda, la arpillera
de la ventana arrancó.
La luna así penetró
con su haz de luz blanca y plena,
iluminando la escena
del aquel desenlace atroz.
-¡Pero ¿qué es esto?...
¡Por Dios! exclamó petrificado
ese gaucho envenenado
por los celos y el alcohol.

Cayó en la cama el facón
y agachando la cabeza
desmoronó su entereza
ante tal desolación.
Solo en la cama el colchón,
una cobija y la almohada.
Sin un infiel ni una amada,
ni otro presagio agorero,
solo con algo certero
que recordó con congoja:
¡Qué iba a encontrar esposa
si siempre vivió soltero!-

Mujer campesina

Muchacha de campo
sencilla, hacendosa,
de manos callosas
y rostro de encanto;
que sabes de llanto
como de alegrías,
y en monotonía
se tiñe tu ampo.

Que de noche admiras
la luna lejana.
Que cada mañana
cuando el aire aspiras,
bendice tu vida
la Diosa Natura,
y la torna pura,
áurea cual zafira.

Muchacha campestre
muy joven, madura,
que vendes ternura
salvaje y agreste.
Que el cielo celeste
envidia tu albura,
y la nube oscura
llora por tenerte.

Porque no hay momento
para ocio en tus días,
porque la apatía
no está en tu contexto,
y por todo esto
cuando enamorada,
amas apurada
por falta de tiempo.

Porque es sacrificio
y lucha tu vida,
por ser tan sufrida
y exenta de vicios.
Por los mil oficios
que ejerces a diario,
vaya este rosario
como fin de juicio.-









 

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