Los guaraníes conocieron como
pocos los secretos de la selva: la hoja que cura,
el veneno que mata, el panal escondido, el pez que
se mueve bajo el agua barrosa, el animal que sirve
para alimentarse. Supieron cultivar la tierra sin
estropearla. Viaja-ron sin perderse por un gigantesco
laberinto de árboles y ríos.
Creían, ante todo, en el amor hacia los demás
y movilizados por la fe y la perfección del
alma recorrieron un largo camino en busca de la Tierra
sin Mal. Para llegar allí, era necesario tener
perseverancia, coraje y fuerza espiritual. La música,
los cantos, las oraciones y los bailes buscaban aligerar
los cuerpos y ayudar a los hombres a encontrar el
camino. Ante un fracaso, simplemente era necesario
volver a intentarlo, partiendo con nuevo rumbo.
Tierra sin Mal: en los tiempos modernos, el pensamiento
de la comunidad guaraní presenta un cierto
aire de utopía. Acaso ¿vos crees lo
contrario? Si optás por un sí, quiere
decir entonces que te animás, al menos por
escasos momentos, a imaginar:
- Una Tierra con recursos naturales
aprovechados racionalmente y distribuidos de manera
equitativa.
- Una población, que por ser abundante, decide
regular su procreación.
- Tecnologías que ayuden al crecimiento priorizando
la calidad de vida... ¡pero mirá que
están los que sostienen que crecimiento y contaminación
van de la mano!
- Consumidores responsables, es decir aquellos que
no se dejan influenciar por avisos publicitarios que
proponen la compra de este nuevo teléfono o
de aquel dvd, que, entre nosotros: son iguales a los
anteriores solo que cambió su formato. Al fin
y al cabo, todas esas cosas terminan acumuladas pasando
a formar verdaderas "basuras".
- El trabajo constante del pájaro carpintero
sobre la madera que intenta a duras penas permanecer
de pie.
- Atardeceres dignos de ser contemplados, en un pueblo
que intenta ser ciudad, pero que se niega a perder
lo valioso.
Y sí, en estos días no es fácil
sostener la palabra. Así como vos primero decidís
seguir la filosofía guaraní y ahora
lo planteás como algo irreal, están
los que quieren el bosque nativo pero a la vez les
atrae un campito repleto de soja, digamos..., en realidad
les atrae un bolsillito repleto de color verde y no
precisamente de hojitas de caldén.
La Tierra sin Mal no es imposible, trabajemos juntos
para acercarnos a ella sin temores.-