El mundo que nos pintó el mito escrito hace
más de tres mil años y el que fabricaron
Marco Polo, Colón, las guerras mundiales, Einstein,
Bell, Marconi, los Lumière, los Wright, Mc
Luhan y otros, ya hoy no es el mismo. El ser humano
lo ha cambiado. La mente con sus neuronas, la testosterona,
la bilirrubina, la pastillita azul, la coca, la sierra,
la miniusis, el Concord, la Internet, la corrupción
lo han trasformado. Hay unas nuevas culturas, porque
no es tan simple decir que es una sola, la global.
Sociólogos, antropólogos y semiólogos
nos lo podrán decir. Cada nación, cada
agrupación, cada tribu maneja códigos
y símbolos a su interior que los de fuera no
comparten. Cada país tiene su ley, sus normas
de conducta y sus resortes de control social. Hablan
un idioma y entienden sus expresiones no verbales,
tienen un legado heredado de sus ancestros y los aprecian
como muñeca de niña. Quienes pertenecen
a tal cultura, se saludan, ríen, se visten
y hasta andan para delante de diferente modo. Se distinguen
de los otros y se sienten recelosos de un extraño.
Hasta llegar a la xenofobia.
¿Lo hemos visto? ¿Se podrá hablar
de la formación, del ingreso de nuevas formas
culturales? ¿Si se avanzara en esa dirección
o hipótesis encontraríamos un abismo
entre abuelos y nietos, entre la generación
de anteayer y la de hoy? ¿Serían tan
lejanas la distancia y tan cortantes las desemejanzas?
¿Perfeccionarían la convivencia o, por
el contrario, la atomizarían?
¿Tendremos que admitir tajantemente que al
mundo “moderno” de hoy ya no le interesa
entender ni aceptar la historia antigua, ni su arte?
¿Que el joven cool de hoy se mueve como pez
y por igual en Costa Azul, o entre el hip-hop de Mos
Def, con la misma jerga del raegueton, y con el mismo
desenfado en la calle, en la tienda o en la casa de
papá y desinteresado por si habrá pan
o un mañana seguro?
Tocará desentrañar de qué lado
jugaremos quienes no tuvimos la suerte de nacer en
esta época del boeing800, del iPod y los realities.
Si nos sumamos a las tribus nuevas, o nos mimetizamos
o bailamos a su lado contemporizando su extravagancia
y snobismo o militamos al lado que siempre hemos vivido
ignorando la novedad que traerá el viento y
el invierno.
¡Oh, la novedad, la moda, lo “in”!
nos toca, nos trastorna y nos trasforma. Las nuevas
culturas del viejo pop, del rock, del uso del youtube,
de mascar chicle en el estadio, de dormir con la mascota,
de matricularse y querer ganar sin estudiar, invaden
el escenario.
¿Cuáles serán las tendencias,
a dónde llevará la frescura y el andar
distraído de esta multitud de hombres y mujeres
que llenan universidades y discotecas? Unas culturas
están brotando y en 50 años el mundo
producirá el fruto de estos injertos. En todo
caso los expertos dicen que no hay culturas ni mejores
ni peores. Es el hombre con diferente cara que labra
el mundo a su medida.
leoquevedom@hotmail.com