Retratar mi pueblo no es poca cosa...
He recorrido tanto sus arterias que conozco cómo
fluye
cada franja de aire que lo atraviesa: aroma a monte,
a trigales, a hierba nueva, resistiendo tantas veces
olores de urbanidad que se entrelazan con jazmines
y madreselvas. (Es un perfume singular, que cautiva
o asecha...)
Peregrino por las calles de arena
concebidas sobre
un médano arisco que fue templado despaciosamente.
(Mi mente recrea aquellas dunas, olas de arena,
desolación
y silencio, como el mar, como el mar...)
Son calles donde el polvo se levanta
y queda instalado en cada grieta donde llega.
Nube que parece eternizarse flotando en las veredas,
en las calles desiertas.
(Partículas insistentes, reincidentes...)
Puedo decir que subsisten casas protegidas
por tamariscos de tronco vigoroso y copa desplegada
hacia el cielo, tantas veces rapadas por injustas
podas. (Son árboles sin tiempo, arcaicos,
símbolos de asentamientos.)
Agonizan con el tiempo los dilatados
baldíos impregnados de olivillos o pasto puna,
salpicados de chapas oxidadas o de ladrillos desparejos
apilados al descuido, fruto del derrumbe, tal vez,
de un tapial gastado por los años.
(Y vuelvo a deambular en ellos como antes, como
siempre...)
Vislumbro desde la calle los gigantes
patios, protagonizados por el fino tendal de alambre
que los cruza. Delgado es el palo encargado de elevarlo
lo más alto posible para que flameen sábanas
y manteles. Un sonido monótono quebranta las
tardes: un bombeador procura agua urgente para la
enredadera que cubre la pared de la cocina y trepa
al techo. (Detenta anaranjadas flores que desnudan
su interior...)
Cuando camino por el pueblo mis pasos
se llenan de nostalgia y atrapan un pasado distante.
Advierto el paso de los carros... Estremece la partida
del tren...
Regresan imágenes de grandes almacenes con
mostradores fieles, con sótanos
que espían desde el zócalo la vereda.
Y la gente pasa, conversa... Entra mucha luz
por las altas ventanas, por la puerta que permanece
siempre abierta.
(Percibo ecos de pasos que emergen desde los pisos
de madera, rastros del tiempo, astillas que susurran
historias viejas... resquicio que abriga tesoros relegados...)
El paso del pasado al presente es
un laberinto que se confunde en los ángulos
de las esquinas.-