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Toay- julio-agosto -2008




Equívoca (o una editorial sin editor) Por Miguel Ángel Rodríguez

 



¿Y si te digo que caminé Toay cuando el crepúsculo me recuerda a Océano? ¿y si te cuento que pisé sus arenas y vi los fantasmas más graves jamás soñados? Y te digo: todo me ocurrió sin ingresar a alguno de los tantos bares dónde el vino comparte el vidrio con la giniebra, recordándome que soy mortal y finito (aunque mi sueño sea largo e inmortal), tan cafeinado como la maldita mañana y su 7 a.m. de morboso sabor a trabajo sobornable.
La vida es así, desgraciada y calamitosa, intrascendente y olvidable. Por suerte existe el placer de ensimismarse por las calles, inmiscuirse hasta perderse, recordando a la mujer que es Lonko y a su Werkén sagrada, rememorando a Olga Orozco (que aún me tira las cartas que nunca me tiró) y a tantos anónimos con los que comparto la desilusión, la perdida de la fe y el placer por la carne corrompida por las miradas en una plaza o en el cordón.
Por suerte existe el dolor y el placer. Por suerte puedo escribir aquí, en la sana insania de las páginas de La Pensadera.
Y es que La Pensadera me da cobijo. Y si no me lo diera, igual la querría. Con ella aprendí más del leer entrelíneas, buscando un que se yo semejante a la pérdida de la razón, tan necesaria por estas semanas.
Esta revista, que en cierta medida motoriza Juan José López, es el resultado de innúmeras colaboraciones, todas desinteresadas y tan desenfocadas como enfocadas, todas sublimes en última instancia.
No soy generoso. No. Sólo intento ser justo con este proyecto. Un proyecto que a partir de ahora crece y se estira en el tiempo. Quizá por la profundización de la conciencia sobre la importancia del dejar pasar los días, quizá por el descubrimiento íntimo de la belleza del esperar. Quizá el quizá. Quizá el por qué. Quizá el ya no lo sé.
La Pensadera, a partir de ahora será más gorda y demorará más semanas en aparecer. Su sabiduría le indica que es mejor guardar silencio un par de meses luego de cada parición. Es que el silencio suele iluminar, tanto como la meditación o el éxtasis.
Algunas cosas parecen no cambiar, pero en realidad cambian. A un nivel más epidérmico, más grasosamente romántico, pero cambian. Cambia también esta revista. Quiere seguir haciendo chicarrones, con mucha grasa, y bastante colesterol. Quiere que sigas intranquilo por la senda prohibida, haciendo lo incorrecto.
Erra y equivócate.
Estarás en camino.
Amén.

 
 

"La Pensadera" dispone sus páginas para todo tipo de expresión cultural.
Correo electrónico: lapensadera@yahoo.com.ar - TE 498441. Año 2008