¿Y si te digo que caminé Toay cuando
el crepúsculo me recuerda a Océano?
¿y si te cuento que pisé sus arenas
y vi los fantasmas más graves jamás
soñados? Y te digo: todo me ocurrió
sin ingresar a alguno de los tantos bares dónde
el vino comparte el vidrio con la giniebra, recordándome
que soy mortal y finito (aunque mi sueño sea
largo e inmortal), tan cafeinado como la maldita mañana
y su 7 a.m. de morboso sabor a trabajo sobornable.
La vida es así, desgraciada y calamitosa, intrascendente
y olvidable. Por suerte existe el placer de ensimismarse
por las calles, inmiscuirse hasta perderse, recordando
a la mujer que es Lonko y a su Werkén sagrada,
rememorando a Olga Orozco (que aún me tira
las cartas que nunca me tiró) y a tantos anónimos
con los que comparto la desilusión, la perdida
de la fe y el placer por la carne corrompida por las
miradas en una plaza o en el cordón.
Por suerte existe el dolor y el placer. Por suerte
puedo escribir aquí, en la sana insania de
las páginas de La Pensadera.
Y es que La Pensadera me da cobijo. Y si no me lo
diera, igual la querría. Con ella aprendí
más del leer entrelíneas, buscando un
que se yo semejante a la pérdida de la razón,
tan necesaria por estas semanas.
Esta revista, que en cierta medida motoriza Juan José
López, es el resultado de innúmeras
colaboraciones, todas desinteresadas y tan desenfocadas
como enfocadas, todas sublimes en última instancia.
No soy generoso. No. Sólo intento ser justo
con este proyecto. Un proyecto que a partir de ahora
crece y se estira en el tiempo. Quizá por la
profundización de la conciencia sobre la importancia
del dejar pasar los días, quizá por
el descubrimiento íntimo de la belleza del
esperar. Quizá el quizá. Quizá
el por qué. Quizá el ya no lo sé.
La Pensadera, a partir de ahora será más
gorda y demorará más semanas en aparecer.
Su sabiduría le indica que es mejor guardar
silencio un par de meses luego de cada parición.
Es que el silencio suele iluminar, tanto como la meditación
o el éxtasis.
Algunas cosas parecen no cambiar, pero en realidad
cambian. A un nivel más epidérmico,
más grasosamente romántico, pero cambian.
Cambia también esta revista. Quiere seguir
haciendo chicarrones, con mucha grasa, y bastante
colesterol. Quiere que sigas intranquilo por la senda
prohibida, haciendo lo incorrecto.
Erra y equivócate.
Estarás en camino.
Amén.