La cuenca amazónica
está comprendida a lo largo de siete países,
cubriendo una superficie de 6.700.000 km2, de los
cuales el 70% se encuentra en Brasil. Este país
alberga el 30% de la selva tropical que queda sobre
el planeta.
La Selva Amazónica requiere de su propio trabajo
para existir como tal, es ella misma capaz de producir
la mitad de las precipitaciones que necesita. Al pensar
en la selva como ecosistema, uno imagina el exponente
en estabilidad, sin embrago no es así. Esta
majestuosa superficie se desarrolla sobre suelos pobres
en nutrientes y vulnerables a los cambios que se producen
en su cobertura. Existen en ella innumerables especies
de plantas todavía sin clasificar, miles de
especies de aves, anfibios, insectos y hasta grandes
mamíferos como el jaguar y el puma.
Jacques Yves Cousteau describe la situación
de la selva Amazónica de la siguiente manera:
"Los árboles de la densa selva del Amazonas
han inventado elaborados esquemas para salir triunfantes
de su batalla contra el calor constante, la lluvia
y la desnutrición. Al no contar con alimento
abundante ni con un suelo rico, los árboles
han aprendido a alimentarse por su cuenta. Sus hojas
se caen con mayor rapidez que las de los árboles
de zonas templadas, y en el suelo se descomponen también
con más rapidez, lo que hace que sus elementos
nutritivos puedan reciclarse antes. Las redes de encaje
formadas por pelos absorbentes debajo de la superficie
del terreno actúan como filtros, manteniendo
los elementos nutritivos en su lugar y acaparando
nitrógeno y fósforo para los árboles.
Los pelos absorbentes reciben la ayuda de los hongos,
que viven en estrecha asociación con las raíces
y a través de su asociación fúngica
-proceso que denominamos putrefacción- disponen
los elementos nutritivos para su rápida absorción
por parte de los árboles. Esta circulación
uniforme mantiene el suministro alimenticio vital
de la selva almacenado en su propio follaje y no en
el suelo, donde sería vulnerable a la lixiviación
(1) y erosión. Es lo que hace que la jungla
sea rica y el suelo pobre"
Este documento demuestra que la fortuna de la selva
no la encontramos precisamente en el suelo sino en
sus propios integrantes. Esto explica claramente la
importancia de los árboles como integrantes
de la selva misma, no solo por proveer de refugio
o de alimento a quienes allí conviven, sino
por el rol que en su conjunto asumen: el de mantener
en equilibrio los niveles de dióxido de carbono
y oxígeno. Pese a este valor, se viene observando
desde hace varios años, por parte de grandes
empresas que asumen el papel de "dueños"
de aquello que también nos pertenece, una tarea
inentendible desde el razonamiento, no solo ecológico
sino desde aquel que deberíamos manifestar
como eslabón.
La deforestación en la Selva Amazónica
alcanza niveles realmente alarmantes: 6.000 km2 de
selva han desaparecido en los últimos cuatro
meses, y si se tiene en cuenta lo ya dicho, su pobre
suelo no permitirá el desarrollo a corto plazo
de nuevos árboles.
No solo la deforestación con visión
a una posterior forestación es la causa de
la pérdida de selva y con ella de gran biodiversidad.
También se abre camino a producciones ganaderas
sin concebir que aquel suelo en dos años no
contará con fuerzas para dejar que las hierbas
crezcan y alimenten al ganado, es decir que lo que
llevó años de formación es destruido
por 2 años de producción. Aquí
como en innumerables casos, la ecología y la
economía se saludan desde veredas enfrentadas.
Pero con esto no se termina la historia, porque lo
que al parecer ocurre allá lejos, en otro país,
nos toca muy de cerca; también esta problemática
nos golpea la puerta. Ocurre en el norte de nuestro
país, y no por vivir en el centro del mismo
(donde el caldenal sigue retrocediendo) debemos mirar
a un costado o hacer oídos sordos. Cualquiera
sea nuestro punto cardinal, somos parte de la situación,
inclusive de la que ocurre allá lejos. Es nuestro
futuro, el tuyo, el mío, el de nuestros amigos,
el de los abuelos, y por sobre todo el de tus hijos
y el de los hijos que están allí latentes
esperando nacer.
El norte siempre fue sinónimo de rumbo acertado,
no permitamos que nuestra selva desaparezca; nuestros
hermanos sufren inundaciones y olvido, mientras nosotros
nos quedamos de manos cruzadas viendo como las cosas
le suceden a "los otros", que no son más
que nosotros mismos.-

Datos para tener en cuenta
- El proceso de conversión
de ecosistemas nativos en tierras de cultivo lleva
a regiones como el Chaco Seco a sufrir la pérdida
del 70% del total, lo que equivale a 175.000 hectáreas.
- Apenas el 7% de la selva misionera, ha sobrevivido.
En este caso, la causa es el reemplazo del bosque
nativo por forestaciones para uso industrial.
1 - Lixiviación:
proceso de lavado que realiza el agua que se infiltra
en el suelo.
Fuente: A. Brailovsky. "Esta, nuestra única
Tierra: Introducción a la Ecología y
Medio Ambiente". 2005. Editorial Maipue. // Nacional
Gegraphic. "Amazonia: nos estamos quedando sin
selvas" . Enero 2007.
Silvana Malsam
Ing. en Recursos Naturales