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Toay- abril -2008




El Negro Castellanos por Rudy González

 

Al Negro Castellanos todos los chicos toayenses le teníamos miedo porque era malo -o intentaba parecer malo- con el que andaba vagueando. Pero eso sí... cuando nos encontraba haciendo algún mandado, siempre sacaba del bolsillo una moneda y nos la daba para comprar caramelos.
El Negro tenía el pelo motoso, los labios rojos y los dientes bien blancos. En una oportunidad yo andaba en calzones, tendría unos cuatro años y era pleno verano de 1.932 cuando en una siesta me disparé sin que mis viejos supieran, y fui para lo de una tía que vivía a tres cuadras de casa. Después, con el tiempo me enteré que los viejos me habían estado espiando… ¿y qué hicieron? Mandaron al Negro Castellanos a buscarme. La cosa es que estando ya en lo de mi tía, golpean la puerta…, salgo…, miro y lo veo al Negro parado entre los dos pilares de la entrada, ¡golpeándose con la fusta las polainas esas que usaba! Yo no sabía qué hacer para pasar entre el Negro y el pilar de ladrillos… ¡y bueno!, era tanto el susto que atropellé y ahí fue donde me asestó un pequeño chirlo como para asustarme más todavía, y encima me empezó a correr. ¡¡¡Qué susto me llevé!!!
Cuando se murió el Negro todo el pueblo lo acompañó hasta el cementerio. No podía ser de otra manera, era lo menos que se merecía por la gran bondad demostrada en sus años de milico acá en Toay.-









 

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