Profesor
Señor HÉCTOR IERVASI

CON UN TANGO EN LA VOZ
............Descendió
con lentitud y con seguridad los escasos escalones
de ese coche de ruedas de acero. Confianza, aplomo
y fe guiaban sus pasos. La suela de su calzado
hacía crujir la carbonilla –resabio
de esa época romántica de la máquina
a vapor recientemente clausurada-, que cubría
el breve sendero hacia las fauces abiertas de
la pequeña ciudad de la que era su “flamante”
adquisición.
............Y
con un tango en la voz cargó sus “petates”
rumbo a la pensión donde se albergaría
por algún tiempo, pues no sabía
que no mucho tiempo después iba a levar
anclas nuevamente, hacia otro lugar –el
definitivo-, donde edificaría –allí
sí-, el sólido edificio de su vida
y su carrera………….
............Inició
el dictado de sus clases y se sentía bien.
Pero un día una nueva alternativa, un nuevo
horizonte se abrió a sus expectativas.
Armó de nuevo las valijas y otra vez, con
un tango en la voz, partió hacia donde
el barco acorazado de sus ideales, fondearía
en la bahía segura de sus sueños,
echando el ancla para siempre. Y con un tango
en la voz rumbeó hacia la nueva pensión…………
............Y empezó
a ejercer su cátedra. Porque –en
definitiva-, a eso había venido. Y entró
a “correr” de colegio en colegio dictando
sus clases. Y entró a establecer vínculos
de afecto y respeto dentro y fuera del ámbito
educativo; a relacionarse, a ser un miembro mas
de la sociedad de la que ahora formaba parte.
Y comenzó a tejer amistades en todos los
niveles que frecuentó. Y una telaraña
de relaciones afectuosas se formó en torno
suyo. Su espíritu jovial, emprendedor y
dispuesto facilitaba los acercamientos, el diálogo
y las reuniones. Sus conocimientos –junto
a su experiencia-, se fueron acrecentando, ganándose
un prestigio y un respeto acorde a sus aquilatados
merecimientos. Supo despertar el interés
de sus jóvenes educandos al hacer fácil
el trato con ellos, para que –respetando
las distancias que marcan los niveles-, fuera
fluido, ameno, cordial y fructífero. Esa
manera especial de ser, junto a sus valores intelectuales
y morales, hizo que se granjeara además
–no solo el respeto-, sino las simpatías
de toda la comunidad educativa que rodeaba a cada
colegio secundario donde dictaba sus cátedras.
Y hasta llegó a calzarse alguna vez los
“cortos” para “entreverarse”
en algún encuentro de fútbol enfrentando
a sus queridos alumnos….!.
............Los años
también trajeron –en su carrera profesional-,
nuevos desafíos. Se elevaba el nivel educativo
y él respondió brindando su aporte.
Por eso la Universidad y la función pública
supieron de su capacidad y aprovecharon de sus
conocimientos.
............Esas
raíces que había echado apenas arribado
aquel lejano día, se afianzaron definitivamente
cuando el romance “pialó” sus
mas caras ilusiones con los de la muchacha de
sus sueños. Y con un tango en la voz, dijo
“sí” ante el altar. Y con nuevos
tangos, saludaría luego la llegada de los
vástagos, que poblarían el hogar
de reiteradas alegrías, de potenciados
sueños.
............Los años
se hicieron décadas. Increíblemente
un fenómeno sucedió: muchos de quienes
fueran sus discípulos formaban parte de
sus dilectos amigos. Y éstos acercaron
a otros que se transformaron en discípulos
por “adopción”. Y en esas ruedas
que periódicamente se hacían, era
el “Profe” para todos, y para unos
cuantos: “Pestaña”, apelativo
que aceptaba con sonrisas e indulgencia. Y en
los asados era el orador obligado y reclamado.
Sus palabras siempre tenían dos ingredientes
fundamentales: algo de humor y mucho de enseñanzas.
Calidez y profundidad: ese era el mensaje de su
esperada palabra.
............Su vida
de educador tuvo también sus recreos. En
ellos cultivó –entre otras cosas-,
su afición a la pesca. En esas ocasiones
disfrutaba de los prolongados silencios, de la
tensa calma a la espera del “pique”
y de la contemplación de la naturaleza.
Meterse luego en una cocina a preparar un menú
algo especial y luego compartir con los amigos
una ruidosa y jocosa mesa de truco, completaban
esas jornadas, que disfrutaba con un gusto placentero
y hasta necesario a su espíritu y su humor.
Y siempre cuadraba la ocasión para que
un tango o una milonga floreciera en su garganta.
…………..
Ese sábado por la noche tenía una
de sus acostumbradas fiestas, donde el asado y
el tango reclamaban su presencia. En el cenit
de la reunión se reclamó su voz
tanguera. Y con un tango en la voz se sumergió
en la noche sin retorno ante el estupor, la desesperación,
la impotencia y la incredulidad de todos los presentes.

De
pie: Furcade, Moyano, García Córdoba,
Iervasi y Montoya. Agachados:Cesal, Pérez
Funes, Saenz y Marquina.
Equipo de Profesores y preceptores del
Colegio Comercial. Escuela Hogar, hoy
Brigada del Ejército. Sta Rosa. |
............En los
últimos tiempos, su salud había
emitido algunas señales de advertencia
que no parecían demasiado preocupantes.
En su mas recóndito interior, quizás
supo percibir que su final estaba próximo.
Quizás hasta “adivinó”
que –como reconocimiento a toda su trayectoria-,
su postrer acto merecía llevar una suerte
de impronta, de sello distintivo, de síntesis
ética y moral de una existencia ejemplar,
que condensara ese “todo” que fue
su vida. Tal vez por eso, como respondiendo a
un llamado, a un sino trascendente, mas que nunca,
se fijó un deber: estar presente –sin
faltar a ninguna-, en todas las reuniones de su
gente amiga, y darse tiempo para volver a su barrio
de Boedo y visitar la casa natal, a revivir la
infancia feliz y juntar a sus amigos de juegos
y travesuras de niño en torno a una mesa,
durante la cual las imágenes cobraron vida
y los recuerdos resultaron sangre azulgrana transfundida
al intrincado circuito venoso de la evocación
fresca y la nostalgia húmeda.
............Por eso
–esa última noche de sábado-,
se encontraba rodeado de tanto calor, de tanto
afecto, disfrutando de ese momento singular.
............Pero
–así y todo-, su partida llena de
mucho dolor. Porque –así y todo-,
su ausencia crea un vacío que no se puede
llenar. Porque –así y todo-, la pena
embarga y la razón no explica.
............Dicen
algunos que en las galerías de los colegios
y hasta en los claustros universitarios, su taconeo
rumbo al aula resuenan acompasada y amortiguadamente.
............También
se dice que –en los contraluces de las galerías
en semipenumbra-, su figura se recorta nítida,
ágil y rodeada de un aura de esperanza
juvenil, buscando el aula donde un “montón”
de chicos con ansias de aprender y escuchar, aguardan
su ingreso para responder a su saludo en la forma
elocuente, ansiosa, educada y respetuosa con la
que siempre fue recibido y despedido al final
de su cátedra.
............Algunos
también dicen que en los pasillos, en las
aulas y en las salas de profesores, cuando el
silencio y las sombras se adueñan de sus
espacios una voz muy queda, casi un susurro, recita
un tango tan suavemente, que hay que tener algo
de duende para poderla escuchar………………........
Así se fue: con un tango en la voz. Así
también podrá ser recordado: ¡¡¡Con
un tango en la voz!!!!!!
NOTA:
Cualquier semejanza con esa personalidad que
fue el Profesor señor Héctor Iervasi,
el lector puede estar absoluta y totalmente
seguro que NO ES CASUALIDAD.-
Buby García Córdoba

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