Colonia
Chapalcó
Escuela
Nº 125 "Francisco José
Miguez"
Cae la tarde...¡Ahí
viene Nocho!
¡Ay...Chapalcó de mis amores,
cuántos recuerdos me guardas,
y cuántos tengo guardados en
un rincón del corazón.
los tristes mejor los guardo, ya pasaron,
ya no están.
Mi docencia no era tan temprana cuando
llegué a tus puertas, pero te
he visto crecer y atesorar tus recuerdos,
aquellas largas sequías, el bramido
de tus ciervos, las intensas humaredas
cuando los temibles incendios devoraban
el caldenar, el andar tranquilo de Don
Alfredo, la pasada rauda y veloz del
Tío Federico”, el rastrojero
rojo de “Pocholo”, el ir
y venir de Eduardo”, las visitas
del “Negro Olié”,
las del Abuelo Aldama”, los asados
con tus patios llenos de gente ... pero
hay alguien que se destacaba y que todos
esperábamos cuando la tarde empezaba
a caer, por el camino del monte que
lleva a la Escuela Vieja”, cada
día sin descanso, se recortaba
entre los caldenes, la figura “del
Nocho” con su caballo blanco y
si nadie lo advertía él
se hacia anunciar... Ehhh... ¡Ehhh
...je...je...!
Era el anuncio y como si estuviera ensayado
entre los chicos y nosotros lo único
que se oía era...¡Ahí
viene Nocho ..!. Como si fuera hoy,
todavía los recuerdo, salían
como bandadas, corriendo hasta el alambrado
y él al paso del caballo, abría
la tranquera y empezaban los saludos
y no era solamente eso sino la que venía,
de pronto se iniciaba un revuelo y claro
si Nocho traía los caramelos
para todos los chicos y dos para cada
una maestra.
Siempre habían caramelos, cuando
venía a la Escuela o cuando nosotras
para “matar el tiempo” nOS
íbamos caminando a visitarlo
y tornar mates con él, era mate
y caramelos, esos jamás faltaron.
Pero como todo pasa, un día llegó
a la Escuela el rumor de que “Didi”
y sus hermanos se lo llevan a Toay,
le hicieron una casita y una mañana
se fue y nosotros nos quedamos sin Nocho,
sin sus visitas y todos sin los caramelos.
Han pasado muchos años y sigue
siendo el personaje, en la Plaza de
Toay, caminando sus calles y veredas,
no sé si caramelos, seguro que
sí... pero lo que nunca más
volvimos a ver fue su caballo blanco
y siempre nos quedó eso, que
jamás le preguntarnos... “Nocho.
. .¿Su caballo?.. ¿Dónde
está?...
Dedicado a Don Héctor León
Boquín, por el espacio de bonomía
que quedó vacío cuando
se fue de Colonia Chapalcó.
Mirtha E.Gil, Tripiana.
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