DE
LA LOMBARDIA A LAS PAMPAS ARGENTINAS

TERNATE:
CUNA DE DON CESAR
LA LLEGADA DE DON CESAR TAMBORINI
A LA PAMPA
Hace
cien años llegaba a Toay
don César Tamborini, un inmigrante
italiano que había arribado
al país unos veinte años
antes, y que había elegido
como primer destino la provincia
de Santa Fe.
Curioso destino el suyo. Como la
de tantos miles de europeos que
desembarcaran en las últimas
décadas del siglo XIX y primeras
del XX en las playas argentinas.
Había nacido en Ternate,
población del norte de Italia,
ubicada Había nacido en Ternate,
población del norte de Italia,
ubicada en esa región conocida
como la Lombardía. Actualmente
la población apenas supera
los dos mil habitantes, y está
emplazada en una zona de lagos,
en el extremo norte del Comabbio
que baña sus riberas. Muy
cerca y mas arriba se encuentra
el Lago di Monate, en tanto al este
se encuentra el Lago di Varese.
Por otra parte, a poca distancia
(nor oeste), esta el Lago Maggiore,
en tanto el Lago di Como (tal vez
el mas conocido mundialmente), se
ubica hacia el nor este. La frontera
con Suiza está a minutos
del lugar. |
DON CESAR ERCOLE TAMBORINI Y SU
ESPOSA DOÑA ANTONIA BACHETTI |
La región donde
se emplaza Ternate se caracteriza por
su elevado nivel cultural, escenario de
encuentro de pueblos y acontecimientos
y personajes históricos que han
dejado huellas imborrables en el norte
de la península, constituyéndose
en legados de la humanidad.
En su juventud, don César tuvo
oportunidad de estudiar música
en Milán, que está a pocos
kilómetros de Ternate, graduándose
de profesor en la Universidad de dicha
ciudad.
Aún cuando su vocación musical
persistiría, muy lejos estuvo ésta
de ser su medio de vida futura. Es que
el destino deparaba para él un
largo, muy largo viaje, y otra sería
la forma de alcanzar el sustento.
César, señalado
con una cruz, junto a varios de sus hijos
y empleados
DE
UNA BOTA A OTRA
De sus padres –Luis (o Luiggi)
y Regina Montalbetti-, tras su matrimonio
con Antonia Bachetti y del alumbramiento
de su primer hijo (Federico), se despidió
en la década de 1880 y junto
a su esposa y ese pequeño vástago,
emprendió la “aventura”
del momento: partir hacia América.
Eligió como país donde
recalar en el nuevo mundo a Argentina.
“Argentina: Tierra de Promisión”,
es el título de un libro, si
mal no recuerda el autor de esta nota.
Argentina: Tierra de Promisión
debe haber sido una suerte de eslogan
no escrito, que martillaba en las conciencias
de muchos europeos de los mas diversos
países que nutrieron nuestro
suelo, al que llegaron buscando un destino
mejor, atraídos por el magnetismo
de una palabra nueva: pampa. Pampa:
inmensidad; silencio; paz; futuro; comunión
con la naturaleza; misterio; trabajo;
progenie; educación; felicidad;
sueño; sudor; aventura; desafío.......Toda
la magia posible e imposible en esa
palabra indefinible, única.......
Hombres de origen italiano figuran en
los albores de la nacionalidad. Vale
recordar que varios de ellos integraron
la Primera Junta de Gobierno Patrio.
Pero es a partir de la década
de 1880 cuando se produce una suerte
de “aluvión”, que
hace que un porcentaje alto de la población
del país actual, tenga esas raíces.
Es que la apertura a la inmigración
sacudió a Europa y especialmente
a Italia, desde donde la respuesta cobró
forma de barcos atestados de hombres,
mujeres y niños que abarrotaron
puertos y hospedajes.
Algunos prefirieron viajar al norte
de América. Otros al sur, mas
lejano en millas pero mas cercano en
costumbres, lenguaje, religión
y cultura. En definitiva: raíces
mas próximas. Don César
optó para esta segunda alternativa.
Es probable que al soltar amarras el
barco, una lágrima habrá
brotado de sus ojos y se habrá
deslizado por sus mejillas. Y tal vez,
al dejar atrás las Columnas de
Hércules, habrá comprendido
que el suyo era un viaje sin retorno.
Todo aquello que miles y miles de nuestros
antepasados sintieron al desaparecer
la tierra europea tras la curvatura
del océano, sin dudas invadió
el ser de Tamborini. Pero las cartas
ya estaban echadas.......
Tras surcar las turbias aguas del Mar
de Solís –que no es otro
que el Plata-, don César, su
esposa y su hijo pisan Buenos Aires.
De allí decide afincarse en Villa
Casilda, al sur de Santa Fe. De la “bota”
itálica a la “bota”
criolla.
En el nuevo destino comenzó a
labrar la tierra, dedicándose
a tareas agrícolas. Y como dice
la letra de una conocida milonga:
“las noches le dieron hijos,
los surcos le dieron pan....”,
con el paso de los años otros
diez hijos fueron llegando: Angel, Andrés,
María, Julia, Antonio; Elena;
David; Ursula; Carlos y Luis.
Sus múltiples deberes y ocupaciones
no impidieron que dedicara tiempo a
la música. Así es que
en la Villa Casilda crea una Banda de
Música.

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