Historia
MITO
Y REALIDAD DE UN FENOMENO REGIONAL
Revisitando
a los bandidos rurales
La figura del bandido rural
que surcó la provincia en la
primera mitad del siglo XX ha quedado
asociada a una visión del pasado
pampeano y su cultura. El personaje,
con Juan Bautista Vairoleto como paradigma,
ha sido visitado y revisitado una y
otra vez por historiadores, escritores
y artistas para tratar de comprender
qué hay de realidad y qué
hay de mito tras su figura heroica o
delictiva. Pero, ¿qué
imagen tenemos hoy de los bandidos rurales?
Los investigadores Hugo Chumbita, Jorge
Etchenique, Walter Cazenave y Carlos
Rodrigo abordaron desde diferentes ángulos
este fenómeno.
La
Asociación Pampeana de Escritores
y su comisión de historia organizaron
por tercer año el ciclo “Historias
de La Pampa desconocida”. En dos
encuentros realizados en mayo y junio
pasado, cuatro investigadores de la
historia regional disertaron sobre los
bandidos rurales que dejaron su huella
en la memoria popular de la provincia
y que, en cierto punto, recuerdan al
“moreirismo”, el gaucho
alzado contra la injusticia del sistema.
“El
gaucho” Vallejos
El sociólogo Jorge Etchenique
abrió el ciclo con una exposición
dedicada a la figura de Marcos
Vallejos, conocido como “El
Gaucho”. Oriundo de Villa Mercedes,
San Luis, este bandido comenzó
su raid delictivo en el norte pampeano
cuando tenia 18 años y fue encarcelado
por matar a un sargento. Des-pués
de dos frustrados intentos de fuga,
fue trasladado a un penal de Buenos
Aires, donde protagonizó una
“fuga folletinesca” junto
al “preso estrella” de aquella
cárcel, el anarquista Ramón
Silveira. Junto a él, Vallejos
pasó hacia Chile y años
después reapareció en
el oeste pampeano reempadronado como
Juan Leal, donde se unió con
Vairoleto en algunos asaltos conjuntos.
Más allá de la historia
visible de Vallejos, “hay una
historia que late si analizamos la procedencia
social y el espacio físico en
el cual desempeñó toda
su actividad”, dijo Etchenique,
al indicar que “Vallejos perteneció
a estratos criollos pobres y tuvo una
manera de vivir bastante anárquica,
porque nunca estuvo dispuesto a una
disciplina propia de cualquier sistema”.
“Uno puede pensar que estas personas
son así porque tienen la cultura
del perseguido, siempre en soledad,
pero este tipo de personas eran así
antes de delinquir y por eso es común
la relación del bandolero de
este tipo con anarquistas. Hay una mutua
atracción por la valoración
que hacen de la libertad indivi-dual,
por esa tendencia al espontaneísmo”,
analizó Etchenique.
“El tema del bandolerismo es complejo,
no se redime ni por simplificaciones,
ni por idealizaciones”, aclaré.
“Estos criollos tan pobres no
eran los únicos en Argentina,
podemos comprobar que han compartido
una vida en común de marginación
con otros sectores, como los indios
vencidos. Así como hubo indios
que decidieron no hacerse indios amigos,
también hubo criollos pobres
que ante la misma encrucijada resolvieron
el mismo camino, a su manera”.
Otro punto de vista que analizó
Etchenique es el as-pecto social institucional.
“Nosotros somos formados a través
de instituciones que nos impregnan de
toda la normatividad propia de la cultura
dominante. Pero estos sectores están
fuera de todo tipo de sistema de donde
impregnarse de normatividad. Marcos
Vallejos nunca fue a una escuela, nunca
practicó un culto religioso y
fue desertor del servicio militar. Es
huérfano de normas disciplinadoras
otorgadas por cualquier ti-po de institución
del sistema”, agregó.
Finalmente, analizó la importancia
del espacio físico “porque
sabido es que los guetos sociales se
transforman en guetos físicos”.
Y explicó que “coexistieron
estos criollos pobres con indios vencidos
y ocuparon los suburbios de los pueblos,
mientras la parte más urbanizada
era ocupada por inmigrantes y criollos
ganadores, de modo que el espacio se
divide también para unos y para
otros”.
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El
gaucho Vallejos
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bandolerismo social
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"El científico" Moroni
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"el mito"
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